No se explica de otra manera el giro de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, quien, de defender a su exfiscal a capa y espada, pasó a echarlo sin el menor miramiento al pozo de los leones.
Todo comenzó con un operativo estatal en la sierra Tarahumara que logró desmantelar un narcolaboratorio tamaño familiar con la ayuda de dos agentes de la CIA. ¿En qué consistió la ayuda? ¿Fue distinta a la que la agencia gringa le brindó a las fuerzas federales cuando murió El Mencho? ¿Se puede confiar en un gobierno bien conocido por regalarle pitazos a los narcos, sobre todo a unos narcos que la misma Campos acusa de haberse encumbrado gracias a Ariadna Montiel, cabeza del nuevo partido de Estado, y a Cruz Pérez Cuéllar, candidato a gobernador de Chihuahua por Morena? Misterios sin resolver. El asunto es que los delató el mortal accidente automovilístico que, al regresar de la montaña, sufrieron los de la CIA el 19 de abril, revelando su presencia en el operativo.
Para sorpresa de nadie, presidencia se lanzó contra el gobierno de Chihuahua, no sabemos si por haber dañado el patrimonio de quienes apuntalaron a Morena en las elecciones o por haber usado a los mismos agentes de la CIA que usa Palacio, nada más que sin su autorización. César Jáuregui, entonces fiscal de Chihuahua, salió a decir que los gringos eran meros instructores y observadores, pero eso no lo salvó de presentar su renuncia a fines del mes de abril.
Con todo, Campos siguió firme, respaldando con todo a Jáuregui y aludiendo una y otra vez a las ligas del partido de Estado con el narco, llamando a Morena “el partido de la muerte”. Su figura no dejó de crecer, ayudada por el pésimo tino de unos guindas que decidieron armarle una marcha de protesta pletórica de acarreados que sólo levantó el repudio de unos norteños siempre hartos de la incursión de la capital en sus asuntos. Al final, Sheinbaum acusó a Campos de traición a la patria, deslizando la posibilidad de cargos penales: “Ellos decidieron colaborar con el gobierno de Estados Unidos fuera de la Constitución y de la ley de seguridad nacional. Es por eso que la Fiscalía abre una investigación, así de sencillo”.
El 19 de septiembre Campos se reunió en persona con Claudia Sheinbaum en el aeropuerto de Ciudad Juárez. Poco después la gobernadora cambió su tonada, acusando a su exfiscal y aliado de décadas de haberse ido “por la libre” al invitar a la CIA a Chihuahua y, encima, de corrupción. Días después Jáuregui fue remitido al penal del Altiplano por traición a la patria, y Sheinbaum aseguró que contra la gobernadora no había ningún elemento probatorio.
Todo parece indicar que, ante la posibilidad de reunirse con Jáuregui en el Altiplano, Campos decidió convertirlo en un perfecto chivo expiatorio, canjeando el capital político ganado, la lealtad de lo que queda del PAN y, en una de esas, la entrega de su estado a los guindas, por su libertad. Es muy triste pensarlo, pero hemos vuelto a las épocas de cuando Palacio doblaba a los opositores, sin el menor pudor, pidiéndoles que escogieran entre la plata o el plomo.