M+.- Al día de hoy, el ambiente de negociaciones del T-MEC está bastante tenso, sobre todo porque la fecha límite de hoy 1 de julio no se cumplirá para una renovación automática, y todo apunta a que las presiones de México y Canadá nos lleven a una “renovación condicionada” sujeta a una agenda de compromisos y revisiones periódicas más cortas en las áreas críticas (China, energía y propiedad intelectual). EE. UU. querrá mantener la sartén por el mango, y México apostará por salvar el libre acceso al mercado norteamericano, pagando el costo político de una fiscalización más estricta en sus fronteras y aduanas.
En la revisión misma, los temas más candentes, los que de verdad traen a todos de cabeza, son estos tres:
1. El "Factor China" y la triangulación, es el verdadero elefante en la habitación. Washington está obsesionado con que China está usando a México como "trampolín" o puerta trasera para meter productos (especialmente autopartes, acero y electrónicos) a EE. UU. saltándose los aranceles. Yo creo que Estados Unidos va a exigir a México auditorías severas y herramientas de trazabilidad (rastrear el origen real de cada tornillo). También creo que nos exigirán "aranceles espejo" a los productos chinos si quiere mantener la fiesta en paz con sus socios del norte.
2. Reglas de origen más rudas (especialmente en Autos). Relacionado con lo anterior, las reglas de origen (el porcentaje de un producto que debe fabricarse en la región para no pagar aranceles) se van a poner más estrictas. Actualmente el umbral en el sector automotriz es del 75%, pero EE. UU. buscará empujarlo hasta el 85%. Para las armadoras y exportadores en México, esto significa reconfigurar cadenas de suministro a contrarreloj y absorber costos más altos de producción.
3. El Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida (MLRR)
Este instrumento, que permite sancionar directamente a empresas específicas en México si violan la libertad sindical, ha sido un dolor de cabeza (México ya acumula decenas de casos documentados). Los sindicatos y legisladores del norte quieren ampliar el mecanismo. Hoy aplica a sectores muy específicos como el automotriz o el acero, pero la presión es para que cubra a prácticamente todas las industrias, además de exigir revisiones salariales más estrictas para evitar que las empresas se vengan a México "solo por la mano de obra barata".
Las solicitudes explícitas de México en la mesa pueden concentrarse, por un lado, en Institucionalizar y acotar las revisiones anuales. Al ser casi un hecho que no habrá extensión automática por 16 años (lo que nos lleva al escenario de revisiones año con año), la principal petición de Ebrard es poner reglas claras a estas revisiones. México exige definir con precisión qué sectores o productos específicos pueden ser auditados anualmente para blindar el resto de la economía y evitar que todo el tratado se mantenga bajo constante incertidumbre. Por otro lado México puede insistir en agilizar los mecanismos de solución de controversias; y por supuesto insistir en mantener la soberanía energética en el marco constitucional actual (la Cláusula AMLO) y defender la soberanía alimentaria (particularmente en temas controvertidos como el maíz transgénico). Finalmente, México busca insistentemente que las mesas de negociación incluyan siempre a Canadá para evitar que Estados Unidos atomice las discusiones y use su peso para forzar acuerdos bilaterales desfavorables.
La respuesta mexicana ante la amenaza arancelaria es matemática y estructural. Ebrard repite constantemente el dato: “Nadie le compra más a EE. UU. que México y nadie le vende más que nosotros”. El gobierno mexicano le recuerda a Washington que imponer aranceles a México equivale a ponerle un impuesto directo a los consumidores estadounidenses y a encarecer los insumos de sus propias industrias (como la automotriz de Detroit), provocando inflación autoinfligida.
En lugar de aceptar sumisamente bloqueos absolutos dictados por Washington, México está implementando aranceles específicos y medidas de trazabilidad rigurosas para certificar que los productos exportados se fabrican realmente en la región. La postura es cooperar en fortalecer la cadena de suministro norteamericana contra subsidios desleales de Asia, pero defendiendo las inversiones que ya operan de forma legal en el país.