Café con napalm

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  • Editorial Milenio

Un intenso aroma a aceite de coco y polipropileno penetra todos los recovecos de la selva vietnamita. Al percibir ese olor, un par de cosechadores de caucho se llenan de miedo, pues unos minutos atrás vieron surcar por los cielos un par de bombarderos estadounidenses seguidos de varios estruendos, y ese tufo presagia la terrible devastación del entorno.

Los caucheros huyen con terror, pues detrás de ellos una incandescente bola de fuego arrasa con todo lo que encuentra a su paso. El napalm arrojado por los aviones cumple con su labor e incinera todo el hábitat, incluyendo los milenarios árboles de caucho que parecían inamovibles del paisaje. El finalizar el incendio, los cosechadores vietnamitas yacen carbonizados entre la desolación de un paisaje humeante y gris.

Por otra lado, mientras el piloto de uno de los bombarderos observa distraído y satisfecho cómo se consume en las brasas el bosque lluvioso, varios misiles lanzados por cazas MiG del Viet Cong les dan alcance y despedazan los B52.

Las operaciones aéreas del bando estadounidense son un rotundo fracaso, han perdido nueve veces más recursos que sus contrincantes norvietnamitas. Sin embargo, la estrategia sigue firme, destruir cada centímetro de la selva y los bosques que sirven de escondite a "Charly", nombre clave para identificar a los soldados del Viet Cong.

Además de la derrota de los Estados Unidos, el resultado de tal conflagración fue la muerte de miles de personas y la desaparición de millones de hectáreas de selvas tropicales y bosques lluviosos a causa de los ataques estratégicos con armas químicas.

Diez años después de finalizada la guerra, la biodiversidad de la península indochina se lame las heridas y busca recuperarse de la devastación. Sin embargo, los latifundistas europeos, a quienes nunca les dejó de pertenecer la tierra, están interesados en reactivar sus remuneradas explotaciones, pero la extracción de caucho ya es imposible, pues no quedó una sola plantación en pie.

De pronto, una idea nace y se desarrolla. Los latifundistas europeos se asocian con el partido comunista que gobierna Vietnam y reactivan las antiguas procesadoras de café de una compañía suiza. Inmediatamente, un ejército de poderosos buldócer derriba los pocos árboles que crecen entre las cenizas y arrebata toda posibilidad de resiliencia a las selvas y los bosques, que en un abrir y cerrar de ojos se transforman en imponentes plantaciones café robusta, ideal para el café soluble.

El colectivismo obrero, que el gobierno de Vietnam promulga, es el ambiente adecuado para que las plantaciones de robusta pululen de una manera inusitada por todo el territorio. Un par de dólares diarios y jornadas extenuantes de trabajo convierten la península indochina en tercer productor de café a nivel mundial, mientras las cenizas de los cosechadores de caucho nutren la tierra para que los cafetos crezcan frondosos y para que sólo unos cuantos se enriquezcan.

oriveroll@hotmail.com

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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