Ken Jennings, un ingeniero de programas de computadoras, tenía el record de permanencia en el programa estadounidense de preguntas y respuestas para descubrir quien era el más sabiondo. El programa se llamaba Jeopardy.
Para ello, los organizadores habían preparado a “Watson” una super computadora capaz de realizar 80 billones de operaciones en un solo segundo. La computadora fue diseñada por IBM y durante el concurso sorprendentemente el público apoyó a “Watson”.
Finalmente Jennings aceptó con gracia su derrota; no sin antes comentar que prefería sentir el tacto de una mujer a ser muy inteligente. Jennings hizo algo en público que humilló a todos los ingenieros de la IBM: Mostró que la gran computadora era incapaz de reír y mucho menos hacer un chiste.
Las computadoras son buenísimas para realizar cálculos y operaciones rápidamente; de hecho, de nada vale dar más tiempo a una computadora para obtener una respuesta; es inútil porque trabajan de manera lineal; pero para el ser humano el tiempo es valioso porque durante el transcurrir del tiempo el cerebro elabora asociaciones desordenadas e inesperadas que pueden dar la respuesta a muchos problemas. Para decirlo más claramente, las computadoras no son seres creativos; mucho menos artistas, como poetas, pintores o escultores o músicos.
Existe un proyecto en la página web que se llama The Joking Computer (La computadora chistosa) y consiste en dar un par de palabras a la computadora para que haga un chiste; aquí un ejemplo de lo que sucedió: Se le dio la palabra papel y dio el siguiente resultado “El pepe era de papel” (gracioso?).Escalofriante y frustrante intentar que una computadora elabore un buen chiste; solo saben trabajar con patrones; ignoran el contexto y el factor sorpresa; parece que piensan pero no son más inteligentes que un niño.
En una demostración del iPhone, “Siri” se dispuso a contestar preguntas; pero cuando un niño le preguntó: Siri, ¿que vas a ser cuando seas grande? El Iphon enmudeció.Definitivamente los procesadores carecen de sentido del humor; desconocen el “doble sentido” de las palabras, la picardía y ni que decir del albur.
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