Durante muchos años, se ha intentando encontrar en el cerebro una zona anatómica en donde se ubique el dolor. El Tálamo, una región y estructura localizada en las profundidades del cerebro, resultó ser muy atractivo para identificarlo como centro del dolor.
Las personas con lesiones en el tálamo, tienen una sensibilidad mayor al dolor y al placer. También pueden desarrollar sensaciones paralelas que acompañan al dolor como hambre o nausea – Síndrome Talámico- . Sin embargo, al destruir totalmente el tálamo, permanecían las sensaciones dolorosas o placenteras. Esto quiere decir que el tálamo es importante como estructura en donde habitan las reacciones más primitivas de los animales, incluyendo al ser humano; es ahí donde radica la reacción de “Lucha o huida”.
Es el tálamo el que ha permitido que la especie humana perdure en la tierra.
Pero hoy sabemos que, si bien el tálamo es importante en las sensaciones de dolor y de placer, tanto físicas como psíquicas, no es el único involucrado, pues existen intercomunicaciones con otras áreas del cerebro que permiten y enriquecen esas sensaciones. El umbral o nivel de activación talámica es variable para cada persona. También los motivos que detonan al tálamo pueden ser distintos en cada individuo: Una melodía o el recuerdo de un aroma, pueden hacer “explotar” al tálamo y desencadenar placer a borbotones, liberando gran cantidad de endorfinas, dopamina y catecolaminas en el cerebro, de acción corta pero muy intensa.
Desde entonces, se ha identificado al tálamo como “cerebro primitivo”; se puso de moda como la casa de las emociones y de las respuestas violentas. La moda científica alcanzó a los literatos; Andre Gide decía que una reacción emocional exagerada era una “respuesta talámica”; mientras que Aldous Huxley, a todas aquellas personas que le resultaban antipáticas, le encantaba llamarlas “Personas talámicas”.
vademecum_64@yahoo.com.mx