Este miércoles 30 de noviembre se conmemora el Día Internacional del Combate a los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), por lo que es una ocasión propicia para preguntarnos ¿cómo es posible que la comida, siendo algo esencial para la vida de los seres humanos, termine por crear conductas disfuncionales en los hábitos alimentarios?
La respuesta es que la comida en sí misma no es la causa, sino la consecuencia, de una serie de desórdenes o trastornos que padece la persona como resultado de múltiples causas que hacen que se desarrolle esta enfermedad mental, que al igual que todas las patologías del cerebro, debe ser vista como es, sin estigmas, juicios o señalamientos sociales que lo único que hacen es agravar la condición de quienes la padecen.
¿Causan adicción los alimentos? La respuesta es negativa. Los alimentos no causan adicción a pesar de que algunos estudian sustancias como el azúcar refinada para decir que sí la producen, aunque incluso en este caso existen diversos enfoques de evidencia científica, por lo que en lo que sí existe consenso es que existen objetos comestibles que causan compulsión y otras formas de conductas alimentarias disfuncionales.
¿Estos trastornos se corrigen con dieta o ejercicio? La respuesta es parcial y subjetiva. Si bien el autocuidado que incluye una actividad física saludable y un plan alimentario balanceado, son herramientas que coadyuvan en la salud de las personas, en el caso de los TCA el tratamiento es integral y normalmente requiere algún tipo de psicoterapia, algún diagnóstico diferencial psiquiátrico, consejería, coaching, espiritualidad y otras técnicas que van hasta el fondo del tema que suele estar debajo del nivel consciente de la persona.
En mi caso particular, cuando tengo este tipo de consultantes, más allá de las herramientas que puedes ser útiles tomadas de los procesos de recuperación de adicciones, me gusta ver a la persona como un Ser integral, a quien deseamos llevar a la reconciliación consigo mismo primero, con su cuerpo, con los demás y con un Poder Superior, como cada quien lo conciba.
¿Por qué hablar de reconciliación? Porque independientemente de que el TCA sea una anorexia nerviosa, una bulimia nerviosa, un trastorno por atracón, ortorexia, vigorexia o algún otro trastorno, lo que prevalece es un rechazo del cuerpo propio o una imagen distorsionada del mismo, un hedonismo relacionado a la imagen física y algunos otros rasgos mentales y emocionales que hacen que la persona viva continuamente con vergüenza y culpa, por lo que el puerto seguro es llegar a la reconciliación de si mimos, al perdón y al amor a su naturaleza.
Definitivamente es un trabajo personal intenso y profundo, por lo que la dieta y el ejercicio por sí mismos no sólo no lo resuelven sino que terminan siendo factores de frustración y desesperanza por no poder eliminar el problema de raíz.
Por lo pronto en este día en que conmemoramos tan importante lucha, un buen paso sería dejar de enjuiciar, etiquetar o reprobar a las personas por sus rasgos físicos o su estado corporal, además de evitar practicar cualquier tipo de discriminación por el peso o la talla de las personas, entendiendo que detrás de cada una de ellas hay una historia que desconocemos y debemos ver con humanismo.
Omar Cervantes Rodríguez