De esas cosas que se han bautizado como “diosidencias”, que desde mi punto de vista son simplemente mensajes para que cada uno interpretemos, este domingo después de varias semanas de estrés y cansancio, nos dimos el lujo de despertarnos casi a medio día con muchas ideas en la cabeza y con algunos mensajes pidiendo informes de nuestro nuevo libro “Rendirse para triunfar: la alegría de vivir”, por lo que nos alistábamos a pasar una tarde tranquila, de reflexión y paz para recargar energía para la semana.
Dentro de nuestras actividades dominicales, nos gusta escuchar mensajes que van de acuerdo a nuestra fe, por lo que elegimos el Spotify de Joel Osteen que para este día había titulado “Desvíos divinos” y que nos llenó de ideas similares a las pláticas que hemos dado recientemente por la presentación de nuestra nueva obra literaria que para quienes preguntan, sí, es un texto de reflexión, desarrollo humano y despertar de la consciencia que nos ofrece testimonios sobre crisis que fueron superadas.
Osteen nos compartió su opinión de que, en muchas ocasiones, no es que vayamos en el camino equivocado o que nos hayan desviado del rumbo. A veces la tormenta, aquella situación que parece incomprensible a la vista de los seres humanos, la crisis que se presenta de repente o alguna petición o demanda que la vida nos hace y parece inverosímil, en realidad es una situación divina que nos prepara para llegar a cumplir el propósito que se espera de nosotros.
“¿Qué haces en esos momentos? ¿Peleas o fluyes?”, nos pregunta Osteen, en el momento en que se viene a mi cabeza “Rendirse para triunfar”, aceptar, vivir, observar y por supuesto dejar de luchar contra algo que no está en nuestras manos modificar.
En muchos procesos terapéuticos, de hecho, la verdadera evolución viene cuando nos convencemos de que no podemos modificar las cosas fuera de nuestro control, incluyendo el querer cambiar a los demás y que, lo único que está a nuestro alcance es transformarnos o adaptarnos nosotros mismos.
Por ello, una de mis frases favoritas e inspiradoras sigue siendo la oración de la serenidad que utilizan los grupos de 12 pasos anónimos y que a la letra dice: “Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar las que sí puedo y, sabiduría para distinguir la diferencia. Hágase tu voluntad y no la mía”.
En estas semanas recientes en que hemos estado expuestos en las redes sociales, en entrevistas diversas y dando pláticas sobre nuestro libro y nuestro proyecto de talleres, conferencias y pláticas, nos sentimos muy complacidos de lo fácil que los demás captan el significado profundo de rendirse para triunfar, una vez que explicamos las premisas y modelos de pensamiento que nos llevaron a esta propuesta.
Incluso, ante un auditorio infantil, en el que tuvimos que adaptarnos a su lenguaje y edad mental, fue realmente sorprendente cuando una niña de 11 años al final de la plática tomó el micrófono y nos dijo a todos: “a veces el final es el nuevo comienzo de algo mejor”.
Seguramente de este tipo de ideas nace la famosa frase popular “no hay mal que por bien no venga” o “las cosas pasan por algo”, que si bien en el momento climático de una crisis nos puede caer como patada el escucharla, cuando lo que necesitamos es contención y desahogo, llega un momento en el proceso en el que, efectivamente, si estamos dispuestos, podemos dejar de quejarnos, de negar la realidad o de luchar en contra de ella, para buscar las nuevas rutas que nos lleven a mejores puertos.
Por supuesto todo esto requiere un entrenamiento mental, emocional y cognitivo que va más allá de frases de superación o pláticas motivacionales, aunque somos optimistas en que con cada artículo que llegue a la vista del lector, cada mensaje en nuestras redes o cada intercambio en charlas grupales o conferencias, estamos sembrando semillas de esperanza para contribuir a construir un mundo mejor.
Omar Cervantes Rodríguez