En la actualidad en la que prevalecen noticias negativas y desesperanzadoras en materia económica, sanitaria y climatológica, en tiempos en los que, cada vez más, surgen voces apocalípticas y dramáticas, además de los daños que todo ello causa en la salud mental y emocional de las personas, nos ha llevado a preguntar si la fe está perdida.
Vivimos en una época ecléctica en la que se aceptan todo tipo de credos e ideologías, surgen la diversidad de ideas en medio de la confusión y la ciencia y la razón cada vez desplazan más a los temas que tienen que ver con algún tipo de fe o de creencia en alguna forma de deidad o divinidad, aunque paradójicamente brotan nuevas corrientes que pretenden darle esperanza a los habitantes de este planeta.
Leemos, vemos y escuchamos en las noticias sobre pandemias, nuevos virus, emergencias sanitarias, crisis climáticas, efectos del calentamiento global y el deterioro del medio ambiente, recesiones económicas, debacles financieras, guerras y un sin número de variables sobre lo que muchos seres humanos no tienen las herramientas mentales, emocionales o espirituales para hacerles frente.
Se le pide a la ciencia que nos dé la respuesta a todo, que nos muestre la consabida evidencia científica para sustentar sus posturas, mientras en las redes sociales, por ejemplo, encontramos cualquier cantidad de hipótesis, explicaciones y absurdos de cómo salir adelante ante lo que hoy la realidad nos presenta.
Las iglesias están perdiendo membresías, las religiones vuelven a ser perseguidas, unas y otras pelean el ser poseedoras de la verdad y además vivimos en un mundo cuya demografía ha variado tanto y las brechas generacionales son tan grandes que es difícil que fluya la comunicación entre jóvenes y no tan jóvenes, mientras el planeta está liderado cada vez más por los primeros.
La polarización es cada vez más aguda en todos los sectores y ello nos divide entre bandos de alguna naturaleza, obligados a identificarnos con unos o con otros.
Mientras unos hablan del universo o de una divinidad, otros siguen buscando imponer sus verdades absolutas y desestiman a las nuevas eras que se oponen a hablar de sus dioses, mientras el planeta sigue convulsionándose y gritándonos en apariencia por volver a lo esencial: amor, respeto y unidad.
En medio de todo esto nos preguntamos, ¿hemos perdido la fe? Me parece que la respuesta es que no. Simplemente vemos que hay mucha intolerancia y el deseo de controlar la ideología y la forma de pensar de unos y otros.
En mi opinión, sin importar credos, religiones, ideologías o creencias, para poder vivir mejor los seres humanos tenemos una permanente necesidad de creer en algo y tener fe.
Soy de los que creen que en la vida no todo puede ser dogmático, pero tampoco todo pasa por el filtro del rigor científico y mucho menos pienso que el fin de la humanidad esté cercano en menos de un siglo.
El mundo seguirá cambiando y seguirá sorprendiéndonos. Losseres humanos deberemos seguirnos adaptando a lo que se presenta y yo agregaría, con la mejor actitud posible y con la fe que algunos han traído perdida.
Finalmente es una elección cómo vivir. ¿Con fe y esperanza? ¿Con miedo y angustia? Yo diría, con la fe que obra, a Dios rogando y con el mazo dando, haciendo lo que me corresponde.
¡Cada uno tome sus decisiones, independientemente de cómo se nos presente el mundo y sus vicisitudes.