Cultura

El cambio es de fondo

Muchos comentarios y de todo tipo, respetables todos, generó nuestro artículo del lunes pasado en milenio.com a propósito del affaire Shakira-Piqué, mismo que sólo utilicé como escaparate para reflejar lo que desafortunadamente sucede en muchas familias cuando existe una separación o divorcio y el daño que esto puede llegar a causar en los hijos, sobre todo los menores, si se actúa de manera irresponsable de cualquiera de las partes.

Sostengo sin titubear que una separación conyugal o de pareja, debería dirimirse en respeto, desapego, tolerancia, gratitud y amor incondicional, sin que ello quiera decir que no deba vivirse el duelo debidamente, sino al contrario, enfrentarlo de la mejor manera y si es necesario con apoyo terapéutico y con la consciencia clara de que si ya es suficientemente doloroso, procure no dañar a terceros involucrados y mucho menos a los menores que suelen no tener las herramientas emocionales para enfrentar sus intempestivas realidades.

En una reflexión meticulosa, después de leer todo tipo de comentarios sobre nuestro artículo y sobre el incidente entre ambos personajes públicos, mi conclusión es que el cambio que necesitamos es de fondo, cultural e incluso mediático.

En ningún momento he criticado la canción de Shakira por tratarse de una mujer, ni he reprobado su contenido porque Piqué le haya sido infiel y ella se haya desahogado, asunto que sólo ellos saben como ha sucedido al interior de la relación, lo que he tratado de abanderar, como en muchos artículos en los que me he expresado sobre los géneros musicales que circulan en nuestra actualidad, es el mensaje que enviamos a nuestros menores de edad que están modelando lo que oyen y ven en los medios tradicionales y digitales.

Y es que no son sólo los hijos de Piqué y Shakira quienes en algunos años sabremos si fueron lesionados emocionalmente por las decisiones, conductas y acciones de sus padres, sino todos los niños, adolescentes y jóvenes que pueden ser influidos por este tipo de videos que, con más de 60 millones de vistas, están al alcance de todos.

En materia de adicciones, codependencia y relaciones tóxicas existen cientos de canciones en México y el mundo cuyos mensajes son de dolor, de rencor, de posesión, de violencia, de pasión, de instintos, de venganza y de agresión que, finalmente, en términos de cultura, esa exposición masiva llega a arraigarse en los usos y costumbres comunitarios y sociales, así como en el inconsciente de quienes están expuestos continuamente a ellas.

Alguna vez seguramente hemos escuchado que “somos lo que pensamos” y que “pensamos lo que nuestro cerebro capta a través de nuestros sentidos”, por lo que es claro que si le estamos dando basura a nuestra mente, nuestros pensamientos no serán los más saludables.

Me refiero, sin temor a ser cuestionado, a todos aquellos géneros musicales masivos que incitan a la violencia, generan estereotipos que nada tienen que ver con los valores universales, cosifican a las mujeres, enarbolan los placeres en forma de sexo, poder y dinero, abonando en la descomposición del tejido social que de por sí es un factor de riesgo para nuestros jóvenes y para la sociedad en general.

No sólo se trata de acabar con el modelo patriarcal como con razón expresan las voces femeninas, debemos ir al fondo del asunto y recuperar los valores humanos que nos brinden respeto, libertad, paz y armonía. Lo que no sume a ello, quizás siga siendo un éxito, pero seguirá lesionando a nuestra sociedad de diversas maneras. ¡Revisemos dónde está nuestra atención!

Omar Cervantes Rodríguez


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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