Este fin de semana tuve la oportunidad de estar en un evento social que me dejó grandes lecciones y tremendas reflexiones, al ver la vitalidad y alegría de una señora, en toda la extensión de la palabra, de 82 años de edad, en un derroche de vigor que solo sucede cuando se vive desde el amor.
Este domingo, venía volando de regreso y en mi mente estaba la imagen que inspiraba este artículo. Doña Conchita: cuando vivir es la alegría.
He tenido el gusto de compartir con la señora Conchita en diferentes ocasiones, pero lo del sábado en la noche fue mágico y trataré de compartir con palabras lo que mis ojos captaron y que llenó de profundas reflexiones mi mente y corazón.
Una boda llena de un par de familias unidas, tradicionales, de esas que aún hacen que los seres humanos volteemos a ver el valor de la institución familiar como célula de la sociedad, donde todo era alegría y gozo por una pareja que después de 11 años de noviazgo, llevó al altar su relación.
Si bien el centro de la fiesta por supuesto eran los contrayentes, llenos de buenos deseos y rodeados de sus seres queridos, hubo un mágico momento en que Doña Conchita, abuela materna del novio, se llevó los reflectores en medio de la pista de baile.
Fue increíble ver a la señora Conchita bailar con su nieto, recién casado, sin aparentar esos 82 años en los que, seguramente ha vivido día a día con una gran actitud hacia la vida, con una sabiduría evidente y un desapego aparente para quien solo decide vivirse con intensidad y disfrutar cada momento de su existencia.
Después de bailar con el novio de la boda, de pronto se formó un círculo de esos que desprenden energía y buena vibra en las fiestas, donde la reina del baile era ella, que lo mismo bailó con cada uno de sus nietos que le pedía unos instantes, que con sus hijos y cada una de las personas que querían grabarse un video al ritmo de ese momento que quedará grabado no solo en varios celulares sino en los corazones de quienes vivimos ese momento.
Doña Conchita tuvo ritmo y una excelente disposición para todos quienes disfrutaron de gastar suela con ella al ritmo de la música de una fiesta de jóvenes veinteañeros.
Por supuesto se llevó los aplausos y si fuera una corrida de toros (disculpando por los anti-taurinos), diríamos que más que orejas y rabo, fue un indulto y salida en hombros de la plaza.
Así se lo comenté a una de las hijas de la señora Conchita, a quien le expresé, “tu mamá nos acaba de dar una lección de cuando vivir es la alegría”.
Después, cuando se fue a sentar al lado de sus primas, compañeras de muchos años de camino, la señora Conchita irradiaba paz en su mirada y en su actitud, se mostraba amable y cortés con cada persona que se le acercaba y, se mantuvo con una tranquilidad absoluta mientras exhalaba esporádicamente el humo de algún cigarro de quien disfruta del fumar, seguramente sin ninguna consecuencia de tabaquismo y que a los 82 años sabe perfectamente que cada momento es para vivirlo en plenitud.
En realidad, al observarla y disfrutar de lejos la forma en que transpira alegría, me vino a la mente el concepto de la “despreocupación total” que Deepak Chopra cita en su libro “Las 7 leyes Espirituales del Éxito”, cuyo argumento no es que haya ausencia de motivos para preocuparse, sino la actitud de desapego de quien aprende a saber que todo es perfecto y que todo pasa como deba pasar, sin necesidad de angustia o de querer controlar todo.
Para quienes nos dedicamos al desarrollo humano y al crecimiento personal, me gustaría poder transmitirles que, cuando le decimos a un paciente o a un consultante que siempre vendrá lo mejor, que abrace la fe y sepa que los procesos son perfectos, podamos evocar esa imagen de la señora Conchita bailando y enseñándonos que la alegría de vivir depende de nuestra actitud.
Muchas gracias a Doña Conchita y a su familia por tan enorme muestra de gozo y por la posibilidad de poder escribir para tratar de inspirar a que muchas personas de 82, 80, 55, 28 o cualquier edad, estemos siempre dispuestos a bailar con la vida, al son que nos toque.
Por Omar Cervantes Rodríguez