Muchas veces en mis consultas cuando las personas me dicen que están siendo rechazados por algunas gentes cercanas, en lugar de apoyarles en su decisión de una vida mejor, me gusta comentarles que desafortunadamente algunos piensan que es como la mafia: de aquí nadie sale.
“Es que me dicen mis familiares que no es para tanto, que no sea tan drástico, que no soy alcohólico (adicto), que solo le baje pero que no exagere”, es una de las expresiones que más confusión causan en un paciente que está comenzando su proceso de rehabilitación.
Pasa igual cuando una persona decide cambiar de hábitos tales como modificar su régimen alimenticio, comenzar a activarse físicamente, da pasos para mejorar su relación con Dios o simplemente se compromete en algún objetivo que los demás no comparten.
Desafortunadamente muchas veces la gente más cercana es la que boicotea la motivación de la persona. “En lugar de 10 tacos, cómete tres y el fin de semana dátelo libre”, suele escucharse cuando alguien hace el esfuerzo por dejar ciertos alimentos.
Y es que a veces somos un espejo o una proyección para los demás y a nadie le gusta verse reflejado así porque “al rato van a querer que todos hagamos lo mismo, solo porque fulano puso el desorden”.
Por eso les digo que es como la mafia, a nadie le gusta que dejen el círculo vicioso de tantos usos y costumbres normalizados que no aportan valor a nuestras vidas.
Cuando alguien decide cambiar difícilmente querrá andar redimiendo a los demás, pero lo que si pide es que si no le apoyan, por lo menos no le traten de echar a perder sus planes.
Cada quien su vida. Quien quiera cambiar que lo haga y quien no, que no lo haga. ¿De aquí nadie sale?