Cultura

Cuidemos a nuestros viejos

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La semana pasada leía en las noticias algunos temas de logística sobre el reparto de la pensión a los adultos mayores que les brinda el gobierno federal, además de conocer algún testimonio de un hombre de 82 años que tiene que ir a hacer fila de casi dos horas para recibir este beneficio.

Si bien nuestro caso que comento es el de una persona afortunadamente saludable, él nos relataba que en las filas para recibir este programa gubernamental, acuden adultos mayores que no gozan precisamente de cabal salud e incluso varios que deben asistir en su silla de ruedas y acompañándose de alguien que pueda asistirles.

Más allá de hablar de este programa de Bienestar del gobierno de la República y de las áreas de oportunidad que pudiera tener para atender mejor a este sector de la población, esta charla y estas noticias nos hicieron reflexionar sobre la realidad de los mexicanos de más de 60 años con todo y sus factores vulnerables.

“Cuidemos a nuestros viejos”, fue la frase que se me vino a la cabeza, usando la palabra viejo con todo respeto y con el significado que la misma tiene para denotar sabiduría y experiencia.

Una de las realidades que nos indican las cifras del INEGI para este grupo es que en nuestro país la población de 60 y más es el sector minoritario con tan solo cerca de 15 millones 150 mil habitantes.

Sin rebasar el 12 por ciento de la población total en un país de más de 126 millones de habitantes, nos preguntamos por qué muchos de ellos viven en el completo abandono, en un país donde la población en su mayoría es joven y bien podría estarse ocupando de que nuestros adultos mayores gocen de una mejor calidad de vida.

El grupo de población más amplió en México es el de 10 a 19 años, que suman 21 millones 750 mil 230, según el censo 2020, seguido de la población de cero a nueve años (20 millones 811 mil 744) y la de 20 a 29 años (20 millones 415 mil 096).

En tanto la población entre 30 y 59 años es de cerca de 50 millones de habitantes.

Sin necesidad de un análisis muy profundo estas cifras nos indican que México es un país de jóvenes y un buen soporte de la actividad productiva, por lo que tendríamos que estarnos preguntando qué estamos haciendo cada uno de los que estamos en estos segmentos mayoritarios para apoyar a que nuestros viejos tengan una mejor calidad de vida.

La mayor parte de ellos son abuelos o bisabuelos, algunos ya con enfermedades crónicas, otros aún en el sector productivo de la población y algunos menos que, con vitalidad, engrosan las filas del desempleo o no tienen ofertas decorosas para continuar generando ingresos y muchas veces sosteniéndose a si mismos con edades avanzadas pero potencialmente activos y sin fuentes de ingreso.

Si a ello agregamos que la edad promedio de la esperanza de vida en nuestro país es para las mujeres de 78 años y de 72 para los hombres y que muchos de ellos están por encima de esas edades, más allá de la reflexión sobre la forma en que ellos se sostienen desde el punto de vista financiero, sería muy solidario con este grupo minoritario, ponemos a revisar la forma en que viven actualmente.

Las y los empacadores de los supermercados son un ejemplo de este segmento poblacional que aún goza de salud para poder realizar alguna actividad decorosa que, en lo que a mi respecta, cada vez que los veo me parecen un símbolo icónico de este grupo y las condiciones en que envejecen y enfrentan el ocaso de sus vidas.

Imposible dejar de mencionar que este grupo en principio ha sido el más vulnerable en la pandemia que nos azota desde el 2020, con una gran cantidad de contagios y muertes, así como muchas afectaciones por las medidas de aislamiento social que los ha encerrado por largos periodos y que sin duda ha complicado aún más las condiciones de muchos en esta edades.

Sin generalizar y siendo respetuoso de la situación de cada quien, me pregunto una y otra vez si los hijos, los nietos y los jóvenes familiares de estas generaciones que forjaron hace décadas nuestro país, estamos haciendo lo necesario para que ellos tengan condiciones de vida más dignas.

¿Seguirán siendo nuestros viejos los portadores de sabiduría y experiencia como en las antiguas civilizaciones o han pasado a ocupar otro lugar en la vida de un país de jóvenes que pudiera tener otras prioridades que el de estar atentos a los de más edad?

Si, quizás el programa de apoyo gubernamental para adultos mayores tenga muchas áreas de oportunidad, pero dejemos de ser un pueblo que vive a la sombra del paternalismo social y hagámonos responsables o corresponsables de los que sucede en nuestras comunidades.

Comencemos por adoptar a nuestros propios viejos, procurándoles, permitiéndoles que nos compartan la visión de su mundo actual y siendo agradecidos y solidarios con quienes forjaron lo que hoy somos como país, a propósito de las fiestas patrias recientemente celebradas.

Por Omar Cervantes


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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