Cultura

Cuidado con los mensajes

En las últimas semanas que hemos estado promoviendo nuestro proyecto de prevención y de desarrollo humano por diversas vías, hemos sido muy enfáticos que debemos cuidar el mensaje que estamos emitiendo para fortalecer los factores de protección en la población y en los diferentes públicos meta a donde vamos a hablar del combate al uso, abuso y dependencia de sustancias tóxicas y de conductas adictivas.

En pláticas en privado con colegas expertos en adicciones y codependencia, sobre todo con quienes nos hemos especializado en la prevención y el tratamiento, coincidimos en que enumerar las sustancias o mencionarlas en los mensajes, así como tratar de desincentivar su uso diciendo que “hacen daño”, muy posiblemente lejos de servir como un preventivo, podría convertirse en un promocional para utilizarlo.

Recordaba en alguna ocasión una nota a doble plana en una ciudad metropolitana, en un periódico local que quería reportar que las autoridades estaban siendo muy flexibles en la permisividad de prostíbulos en forma de table dances, salas de masaje y otras variantes, acompañando la nota con un gráfico que señalaba todos los negocios presumiblemente prohibidos en un mapa del municipio, lo cual sirvió para que muchos lectores, asiduos a ese tipo de establecimientos, tuvieran una especie de directorio de sitios que quizás no conocían.

Lejos de ser una publicación que solucionara el problema, aparentemente le dio publicidad a estos establecimientos. Posiblemente algunos fueron clausurados, pero muchos más captaron más clientela.

Lo mismo sucede con las adicciones, el consumo de drogas, el abuso y la dependencia del alcohol, el tabaco y otras conductas adictivas como la ludopatía o los videojuegos, temas en los que abundan mensajes que seguramente no pasaron por un filtro como un grupo de enfoque o con especialistas en la enfermedad y son tratados como campañas publicitarias que tienen un efecto contrario a lo pretendido.

Quizás ni siquiera en la elaboración de mensajes se consulte a psicólogos, sociólogos o expertos en neurolingüística, quienes saben perfectamente que las campañas que inician con una negación o pretenden generar miedo o prohibición, son percibidas por el cerebro y por el inconsciente como una invitación a hacer justo lo que se pretende evitar.

Adicionalmente, la elaboración de campañas de divulgación o la emisión de comunicados noticiosos, deben tener la claridad de que son apenas una herramienta para la prevención científica, que implica mucho más que mediatizar o socializar información.

Nos parece contraproducente por ejemplo, cuando alguna autoridad de salud sale a emitir alertas contra alguna droga como ha sucedido recientemente en diversos foros, en varios estados y por diferentes autoridades. ¿Cuáles son los resultados de estas notas? Al día siguiente los medios destacan en sus espacios principales titulares como “alertan por consumo de (nombre de la nueva droga)”, “crece el consumo de …” y similares. Noticias que pueden generar el mismo efecto del referido caso que mencionamos anteriormente sobre los prostíbulos.

¿Qué hace cualquier joven que no había oído de esta sustancia? Inmediatamente se va a la internet y en cualquier buscador encuentra todo lo concerniente a esta droga, incluso su costo, la forma de obtenerla, los efectos que ocasiona y la manera de consumirla.

¿En verdad creemos que decirle a un niño que se porte bien logrará transmitir el mensaje? ¡Así de inocente me parecen los mensajes que hemos visto como noticias o como campañas en los medios!

¡Cuidado con los mensajes! Cuidemos de hacer prevención y no promoción y entendamos la psicología inversa de los públicos consumidores.

Recordemos además que la prevención se acompaña con labor social en territorio, recomposición del tejido comunitario, detección de los factores de protección para cada población y combate a los factores de riesgo en cada universo.

Llevemos el mensaje a las colonias, a los barrios, a las escuelas, a las oficinas públicas, a las universidades, a las iglesias y a todos los círculos sociales a nuestro alcance, pero pongámonos de acuerdo en lo que queremos comunicar, prioricemos los talleres de habilidades para la vida, la comunicación asertiva en las familias, las actividades y la promoción de los valores que logren un mayor arraigo en la población y todas las acciones que sumen en la construcción de mejores condiciones de vida.

Hacer prevención no es promover lo que no queremos que se haga y terminamos promoviéndolo. Reflexionemos y usemos los medios tradicionales y las redes sociales como verdaderos vehículos de recomposición social. ¡Cuidemos el mensaje!

Por Omar Cervantes Rodríguez


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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