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La insoportable costumbre de no conformarse: CR7

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Cristiano Ronaldo deja una manera distinta de entender el deporte, a los 41 años, decidió entregar la camiseta número 7 de Portugal. No se retira del futbol: se despide de la selección después de 23 años, 234 partidos y 146 goles, todos récords del futbol internacional masculino. Se va después de seis Mundiales, una Eurocopa y dos Nations League. Y aunque todavía seguirá jugando con Al-Nassr, hay algo que sí terminó este jueves: la época en la que Portugal tenía a Cristiano Ronaldo como su gran referencia.

Me cuesta escribirlo, no solamente porque Cristiano sea EL JUGADOR, también porque quienes vimos su carrera desde aquellos primeros años sabemos que no estamos hablando simplemente de uno de los mejores futbolistas de la historia.

Estamos hablando de uno de los deportistas que más transformaron la conversación alrededor del alto rendimiento. Cristiano entendió algo antes que muchos: el talento NO alcanza y convirtió esa idea en una obsesión.

Su carrera fue, durante años, una batalla contra el desgaste, contra la edad, contra las lesiones, contra las críticas, contra sus propios registro, contra la posibilidad de que apareciera alguien mejor.

Cuando parecía que ya había llegado a su techo, encontraba otro. Cambió su cuerpo, cambió su juego, cambió su posición y cambió su manera de competir. El extremo que desbordaba defensas terminó convertido en un delantero capaz de vivir dentro del área y seguir marcando cuando la velocidad ya no podía ser la misma. Eso también es Cristiano.

La capacidad de aceptar que el futbolista que fuiste no necesariamente es el futbolista que necesitas ser mañana.

Y ahí está una de sus mayores herencias. Cristiano ayudó a convertir el cuidado del atleta en parte central del espectáculo. La alimentación, el descanso, la preparación física, la recuperación, la musculatura, la prevención, la disciplina. Lo que antes podía parecer exageración alrededor de un futbolista comenzó a formar parte de la conversación cotidiana sobre el rendimiento.

No inventó la profesionalización del futbolista moderno, por supuesto. Sería absurdo decirlo. Pero llevó esa cultura a un nivel de exposición que millones de jóvenes pudieron observar y copiar. El mensaje era sencillo: si quieres durar, tienes que trabajar para durar y él lo hizo delante de todos.

También cambió la relación entre un deportista y su propia imagen. Cristiano entendió que en el deporte moderno el jugador ya no vive únicamente durante los 90 minutos de un partido. Construyó una marca global, convirtió su nombre en un negocio y aprendió a comunicarse directamente con sus aficionados. Hoy tiene una audiencia gigantesca en redes sociales y una estructura empresarial alrededor de CR7 que va mucho más allá de una camiseta de futbol.

El atleta moderno aprendió que su carrera no necesariamente termina cuando deja de jugar, puede convertirse en una plataforma, construir una identidad, vender su propia historia, tener una relación directa con millones de personas sin depender completamente de los medios tradicionales.

Cristiano fue uno de los grandes arquitectos de ese cambio y después llegó Arabia Saudita. Su llegada al Al-Nassr en 2023 fue mucho más que un movimiento de mercado. Fue una decisión que ayudó a modificar la geografía del futbol mundial y puso a la Saudi Pro League en una conversación internacional que antes parecía imposible. Después llegaron otras estrellas, otros contratos, otras inversiones y otra discusión: qué significa el dinero en el futbol contemporáneo y hacia dónde se mueve el poder del deporte.

Cristiano no inventó ese proceso, pero fue una de las figuras que lo aceleró y luego está algo que no aparece en ninguna estadística.

La inspiración. Un niño en Madeira vio a un futbolista pequeño convertirse en una estrella mundial. Después millones de niños hicieron lo mismo desde cualquier rincón del planeta. Cristiano convirtió su historia personal en una especie de manual de perseverancia deportiva.

No necesariamente porque todos puedan jugar como él (eso sería imposible), sino porque todos pueden entender el principio que sostuvo su carrera: trabajar más cuando ya tienes motivos para sentirte satisfecho.

Ese quizá sea su mayor legado, no los 146 goles con Portugal, no los cinco Balones de Oro, no las Champions, no los récords. Ni siquiera el interminable debate sobre si fue mejor que Lionel Messi.

El verdadero legado de Cristiano Ronaldo está en haber cambiado la expectativa sobre cuánto puede durar un atleta en la cima cuando decide convertir su profesión en una obsesión. Y eso tiene una cara incómoda. Cristiano también nos enseñó que la grandeza tiene un precio.

La exigencia permanente, la necesidad de demostrar, la incapacidad de aceptar fácilmente que el tiempo pasa. Esa personalidad competitiva que lo hizo extraordinario también explica algunas de las controversias de su carrera.

Su despedida de Portugal tampoco fue perfecta. Llegó después del desencuentro con Jorge Jesus y de aquella salida de la concentración que terminó en una suspensión y una multa. No hace falta esconderlo para reconocer todo lo demás.

Precisamente porque Cristiano nunca necesitó una historia perfecta. CONSTRUYÓ UNA HISTORIA PERFECTA.

Portugal ganó una Eurocopa con él como capitán, ganó dos Nations League y encontró en su número 7 una identidad que durante dos décadas parecía inseparable de su nombre. En 2026 se convirtió además en el primer hombre en marcar en seis Mundiales.

Pero habrá algo extraño en ver a la selección portuguesa sin ese hombre entrando al campo, porque durante demasiado tiempo nos acostumbramos a que Cristiano estuviera ahí.

Y quizá por eso esta despedida duele más de lo que debería doler una decisión deportiva. Porque Cristiano Ronaldo no solamente fue un jugador que vimos jugar, fue un jugador que vimos crecer.

Lo vimos pasar de niño prodigio a estrella. De estrella a superestrella. De superestrella a leyenda.

A mí me deja algo muy sencillo. La certeza de haber visto jugar a uno de esos futbolistas que aparecen muy pocas veces y la sensación de que, cuando dentro de muchos años alguien pregunte cómo era el futbol de nuestra época, habrá que mencionar dos nombres. ¡Gracias Comandante! por esa insoportable costumbre de no conformarte nunca.


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Olga Hirata
  • Olga Hirata
  • Olga Hirata no cubre historias: las desnuda. Periodista deportiva incisiva, ve más allá del marcador y escribe desde la grieta humana. No busca agradar, busca verdad—y la dice sin anestesia.
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