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Viernes , 19.04.2019 / 18:25 Hoy

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La política del "innuendo"

Nicolás Alvarado

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Latinajo es término infrecuente en español pero corriente en inglés, donde es parte del léxico jurídico desde el siglo XVI. Inocente en el origen —innuere es señalar, apuntar— con el tiempo, y su uso en juicios por difamación adquirió el significado que hoy le da el diccionario Oxford: “Observación indirecta sobre algo o alguien, que por lo general sugiere algo malo, malvado o grosero”. Intraducible —pero cercano a “alusión”—, su poder es el de dañar una reputación sin articular una acusación jurídica, el de tirar la piedra y esconder la mano.

Recordé el vocablo tras un jueves en que, al tiempo que el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, Santiago Nieto, exhibía en conferencia de prensa presidencial una presunta campaña de “propaganda negra” contra el entonces candidato López Obrador consistente en la producción de la serie Populismo en América Latina, el portal Eje Central ofrecía un reportaje titulado “Operación Berlín: Conjura AntiAMLO” que acusa a Enrique Krauze, financiado por empresarios con nombre y apellido —pero de cuya participación no avanza pruebas—, de encabezar una estrategia a fin de “generar comunidad de internautas, para después inocularles el mensaje de miedo y aversión”.

Imposible determinar a partir de meras alusiones —de innuendo— si los presuntos implicados participaron. Imposible saber, sin conocer los productos —que es mi caso, y el de la mayoría—, si son violatorios de la legislación electoral vigente. Anticipo que no, ya que, en la misma conferencia, el Presidente adelantó que “no es venganza: es ponerlo de ejemplo porque ilustra hacia delante” y que los aludidos no serán objeto de sanciones jurídicas —o, si acaso, menores— dado que “no podría aplicarse la reforma [a la legislación electoral que busca el lopezobradorismo] de manera retroactiva”.

En la 4T y con la revolución digital, poco puede la Ley ante ese innuendo que destruye al adversario sin que medie juicio legal. Hemos vuelto a la ordalía: el acusado es arrojado al caudal de las redes sociales; si flota será inocente, si se hunde era culpable.

¿Y el debido proceso? Bien, gracias.

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