Parece que solamente cuando, literalmente, el fuego nos llega a los aparejos, como el que llegó casi a las puertas de buen número de residencias en los fraccionamientos contiguos al bosque, el tema de los incendios forestales nos preocupa. Claro, dirán que es cuestión “de temporada”, pero, a decir verdad, las conflagraciones sufridas sobre todo en la primera quincena de este abril, nos dan mucho a pensar sobre la falta de planeación, imprevisión, descoordinación e incluso hasta de intenciones quizá perversas, que siguen rampando en torno a La Primavera, y a otras áreas boscosas de la entidad aunque, de plano, en muchos aspectos en los que Jalisco evidentemente no está debidamente preparado de manera suficiente para afrontar contingencias.
Lo que sorprende es que a estas alturas y luego de una experiencia muy añeja en cuanto a cuidado y protección de los bosques, todavía se sigan dando debates en torno a la mejor manera de evitar siniestros y que algunas autoridades todavía no entiendan la importancia de ello. El señalamiento de que, por ejemplo, los incendios acontecidos en semanas anteriores tienen características de haber sido intencionales, mueve a pensar en que definitivamente existen intereses que no se detienen ante nada. La sospecha constante desde hace décadas sobre la ambición de algunos desarrolladores para ir cercenando cada vez más espacios al bosque, se ve ya mucho más clara y continua.
Será por ello que el gobernador Enrique Alfaro, pasada la etapa más crítica, aseguró que, previo acuerdo con los municipios, no se iba a dar permiso alguno de construcción en las zonas dañadas por el fuego. Sin embargo, es importante estar atentos y no dejarnos confundir, el aspecto más relevante del problema no está en esa referencia al bosque mismo, el cual cuenta con una protección legal al respecto. No, el verdadero punto es el que diversos organismos y expertos han señalado en forma tan reiterada en cuanto a que lo que hay que evitar es se siga invadiendo el llamado polígono de amortiguamiento, un perímetro de contención que hasta la fecha sigue siendo para muchos el verdadero blanco del negocio.
Jalisco tiene un historial de incendios forestales verdaderamente impresionante, si bien también se han dado algunas etapas de relativa tranquilidad. En los ochentas los daños fueron tan catastróficos. Décadas después, durante el gobierno de Aristóteles Sandoval, el estado pasó a ser nada menos que el segundo con mayores afectaciones en este renglón. Ahora falta por ver lo que el presente régimen pueda lograr en este sentido.
La Primavera es, naturalmente, el foco de mayor atención pero los incendios suman, sólo en lo que va del presente año, más de 150 en toda la entidad y existe un estimado afectado mayor a las cinco mil hectáreas. Naturalmente que no todo son áreas boscosas ya que se consideran igual la quema de pastizales y otros. Sin embargo, son varias las regiones de la entidad que sufren una situación similar y van desde municipios costeros como Cuautitlán hasta Los Altos y, naturalmente, los ubicados ya en torno a nuestro bosque central.
De ahí que tenga tanto sentido la lucha, como la de la Unión de Colonias de Puertas del Sur (UCPS), porque se respeten ordenamientos como el Del Cerro El Tajo, que pretende la protección en una zona aproximada a las 1,700 hectáreas, o sea una superficie casi similar a la que se vio afectada por los incendios recientes en las cercanías ya de fraccionamientos como El Cielo y Bugambilias (Por cierto fraccionamientos que han agredido al bosque y su zona de amortiguamiento). Decreto logrado en la administración pasada donde esa área de amortiguamiento era inexistente y por ello muy codiciada. Ahora que también hay que esperar la actuación -siempre y cuando se lo permitan- de la denominada Agencia Metropolitana de Bosques Urbanos, organismo de IMEPLAN, que precisamente pretende la estructuración de un programa de prevención y protección.
Y es que la postura oficial no ha servido hasta ahora para mayor cosa si, a unos días que el propio Gobernador señalara la cancelación de permisos de construcción, surgen y siguen surgiendo nuevos fraccionamientos, como el apenas en etapa inicial conocido como El Edén, el cual fue “suspendido” por el Ayuntamiento de Tlajomulco pero que, a menos que falle la vista, sigue impunemente en etapa de preparación de predios para un proyecto que contempla edificar más de cuatrocientas viviendas.
Lo cierto es que el tema de La Primavera ha sido objeto de tantos análisis, estudios, decretos, etcétera, que ya sería hora de llegar a conclusiones y ordenamientos serios, que verdaderamente se respeten. El bosque tiene beneficios que indudablemente goza la ciudad y es por ello que debe tratarse desde una óptica metropolitana las reglas y condiciones para el uso y cuidado del bosque. Sin dar por hecho que los incendios surjan en forma necesariamente intencional (de suyo has muchas causas en las que es palpable la irresponsabilidad de los visitantes, las cañas quemadas de la zona, los desperdicios y muchos factores más), lo peor que puede pasar es el relativo conformismo de las autoridades y que simplemente eludan el problema.
Es tiempo que las esferas y organismos gubernamentales asuman un papel que va más allá de la simple protección al medio ambiente, de trabajar coordinados (en gobernanza) con la sociedad, pues vale la pena decir que hoy una asociación civil -UCPS- en defensa del bosque ha sido nombrada como tercera interesada para la pelea en tribunales del Decreto del El cerro El tajo. La cuestión entraña un cuidado de recursos naturales muy difíciles de recuperar y de la necesidad impostergable de impedir incendios y sobre todo “otros daños” en un patrimonio común que, pese a todo, a duras penas se ha defendido en las últimas generaciones.
miguel.zarateh@hotmail.com
Twitter: @MiguelZarateH