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No hay milagro que salve a "Fiesta de Navidad en la oficina"

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  • No hay milagro que salve a "Fiesta de Navidad en la oficina"
  • Maximiliano Torres

Actores de las mejores tropas de comedia tienen llamado a Fiesta de Navidad en la oficina, una cinta navideña que, sí, probablemente sea mejor que nuestras fiestas de Navidad en la oficina de la vida real, pero no equivale al nivel de comedia que todos los actores involucrados aquí han logrado al coincidir en otras producciones.

Zenotek es una empresa familiar que este diciembre tiene pocas razones para festejar Navidad. Su directora ejecutiva Carol Vanstone (Jennifer Aniston, desaprovechada) amenaza con cerrar la división de Nueva York, que en manos de su hermano Clay (T.J. Miller) ha sufrido pérdidas. Clay tiene una idea que podría salvar el cierre de su rama: conseguir una cuenta millonaria que traería ganancias para la compañía en el próximo trimestre. El plazo para lograrlo es de horas, así que su única estrategia de venta será convencer al cliente invitándolo a la fiesta de Navidad de la oficina. Dispuesto a deslumbrar al hombre que hará la diferencia entre la bancarrota y los bonos de productividad, Clay echará la casa por la ventana. Figurativa y literalmente.

Tan pronto nos adentramos en la escena inicial, la cantidad de caras conocidas es reconfortante. Todos vienen del mejor lugar posible para contar historias y hacer comedia actualmente: la televisión. Nos recibe Jason Bateman, egresado de Arrested development. Luego vemos no uno, ni dos sino tres actores de Veep, de HBO (Randall Park, Sam Richardson y Matthew Walsh), seguidos de Kate McKinnon y Vanessa Bayer de Saturday Night Life. Y para rematar, JT Miller, el gran cínico de Silicon Valley. La idea central (y única) de su trama es mostrar el fenómeno de los empleados de oficina que liberan estrés y ansiedades, prófugos del reglamento de Recursos Humanos. Si bien la anécdota de un convivio laboral en el que media oficina entra en catarsis nos producirá flashbacks a nuestro pasado de decadentes posadas navideñas, el guión de Justin Malen, Laura Solon y Dan Mazer comienza, se queda y se estanca en un tono en el que la miseria emocional de los personajes cala más que sus chistes.

Desde el minuto se siente una urgencia incontenible por soltar el humor grotesco, y aunque hemos sido advertidos de estar frente a una comedia clasificada para adultos, esto no es suficiente para comprar su improvisada premisa. Su repertorio no se toma la molestia de persuadirnos de una broma lasciva a otra más lasciva hasta sacar nuestro lado cómico oscuro. Simplemente nos avienta en la cara un caos de bromas de mal gusto.

Su manufactura tampoco ayuda. Más que recrear el ambiente gris y monótono de la clase asalariada, su diseño de producción parece haberse quedado corto de presupuesto, resolviendo las necesidades de producción en locaciones descuidadas y nada atractivas para filmar una película.

La lección nadie parece aprenderla: el cine de temporada, enfocado en fechas específicas del calendario es efímero, poco creativo, poco memorable. ¿Cuál es la última cinta expresamente navideña que entrañamos? ¿Love Actually? Ya pasaron más de diez años.

Salvo un par de momentos genuinamente graciosos y muy, pero muy aislados, Fiesta de Navidad en la oficina cansa y aburre a pesar de durar una hora y treinta minutos. Hagamos como que todos estos ases de la comedia nunca hicieron esta desafortunada película y esperemos lo mejor para sus carreras en el 2017. Sobre todo para la de Kate McKinnon quien, fuera de Saturday Night Life, está batallando para obtener papeles relevantes.


@amaxnopoder

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