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Domingo , 21.04.2019 / 21:12 Hoy

Bambi vs. Godzilla

"Hellboy": Del Toro, esto va a doler

Maximiliano Torres

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El infierno es una sala de cine en donde se proyecta el reboot de Hellboy. O eso fue lo que sentí durante las dos horas frente al "borrón y cuenta nueva" propuesto por el director Neil Marshall en el que hay oportunidades dolorosamente perdidas en lo técnico, lo narrativo y lo actoral.

En el universo creado por Mike Mignola, La Agencia para la Investigación y Defensa Paranormal encomienda a Hellboy (David Harbour) enfrentar a Nimue (Milla Jovovich), un espíritu milenario conocido como La Reina de la Sangre, quien fue debilitada siglos atrás y ahora será invocada por alguien que desea vengarse de Hellboy. En dicha misión, el demonio del brazo de piedra descubrirá la verdadera versión de su origen.

Dos fuerzas negativas se disputarán la atención de aquellos dispuestos a evaluar Hellboy con ojo crítico: sus bajos valores de producción vs. su guión desastroso. Desde el minuto uno de su prólogo la mala factura se impone a primera vista.

La cinematografía es rudimentaria (rayando en lo estudiantil), la voz en off es juguetona, pero también está fuera de lugar, y la edición presenta a la villana (Milla Jovovich haciendo el mínimo esfuerzo) con la síntesis de un trailer. En manos de Marshall, todas las escenas tienen la misma pobre consistencia.

Batallas a campo abierto, cacerías de demonios, viajes al inframundo, ataques a ciudades cosmopolitas. Todo con un look de bajo presupuesto que parece el Ecce Homo de Borja de las Hellboy que dirigió Guillermo del Toro. Al principio, y por breves momentos, parece que la producción tendrá la virtud de una película clase B pero, a diferencia de tal categoría, no hay una gracia que compense su realización poco pulida.

Por el lado de la historia, es noventa por ciento contexto, diez por ciento acción presente. Sobran los flashbacks, hay un nuevo personaje que conocer cada quince minutos, pero su aspecto más problemático es la subtrama que conecta a Hellboy con la mitología de El rey Arturo. De acuerdo: esta asociación entre el monarca medieval y el protagonista viene desde los cómics. ¿Alguien recuerda una buena película que involucre al rey Arturo? Yo tampoco. Por alguna razón, este personaje no ha recibido justicia en la ficción del cine.

Es como una maldición. Y Hellboy no la rompe. Alusiones a Merlín, Excalibur y leyendas del tipo son ejecutadas al vapor.

En medio de personajes huecos y elecciones de reparto intercambiables, David Harbour es el único acierto señalable.

Seguro de si en los zapatos de Ron Perlman, Harbour se gana nuestro respeto interpretando al híbrido de hombre y demonio.

El estreno de Hellboy es una oportunidad para discutir una práctica que lleva décadas operando en el cine de cómics y superhéroes: ofrecer el trabajo de director a cineastas formados en el género del horror. ¿Qué tan productivo sigue siendo para las franquicias utilizar la sensibilidad de autores especializados en espantos? Si bien Sam Raimi con El Hombre Araña y Guillermo del Toro con la anterior Hellboy son demostraciones de que esta combinación funciona, casos recientes como James Wan (El Conjuro) con Aquaman, David Sandberg (Lights out) con ¡Shazam! y ahora Neil Marshall con la nueva Hellboy son tan solo garantías de taquilla. No de creatividad.

Como no dijo Sartre: El infierno son los otros…que dirigieron Hellboy y no son Guillermo del Toro.



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