En una reciente reunión con algunos jóvenes, al tratar el tema de las elecciones hacia el 2018, me hicieron la pregunta con la que titulé la columna de este día. Tan criticados, los partidos políticos tuvieron su origen en las llamadas "facciones", cuyo término pareció poco adecuado por su carga negativa, que de forma similar, se han ganado por la percepción negativa de su participación, como núcleos de intereses, prácticamente sin temas ideológicos o causas sociales que les distingan, como se observa en las encuestas.
Los partidos son, por definición, intermediarios entre la sociedad y el gobierno, en consecuencia deben representar intereses de sectores de la misma y liderar acciones para la alcanzar el objetivo de esos intereses. Deben aportar ideas para formar doctrinas y temas que consoliden grupos en competencia por el poder.
Existen para alentar la participación de los ciudadanos en tareas públicas, tanto en los comicios electorales; para llevar a los mejores a ejercer el poder y su representación, y así lograr los objetivos que determinaron sus seguidores. Son también mecanismos de reclutamiento de líderes y simpatizantes. Por ello una de sus funciones es formar a esos líderes y aún desarrollarlos para cuadros de dirigentes y de servidores públicos.
Con sus aportaciones de propuestas a través de sus programas o plataformas, contribuyen a la formulación de políticas gubernamentales; a la mejor toma de decisiones y finalmente a su implementación. Además, contribuyen a la estabilidad y perfeccionamiento de la democracia.
Algunos de sus candidatos, cuadros y dirigentes se convierten en gobernantes y legisladores; otros en opositores, quienes deben cumplir la función de control de las acciones del gobierno a través de la crítica, la movilización de sus seguidores y la negociación para los acuerdos.
En una sociedad que idealmente reconociera el mismo peso a todos los ciudadanos y organizaciones su función sería mínima, pero a medida que la desigualdad crece, los partidos se hacen más necesarios. Los ciudadanos débiles individualmente para lograr sus aspiraciones, encuentran en la unificación de sus demandas y propuestas, que les permiten los partidos, mostrarse fuertes frente a los dueños del poder económico. Los partidos viven para y de las elecciones.
La Constitución y leyes relativas regulan la existencia y funcionamiento de los partidos políticos, su fuerza depende de los votos que obtengan y de la abstención. Vivimos ya el proceso electoral 2018, y veremos quienes entienden mejor la misión de los partidos, si es que saben que estos son más que maquinarias de ganar votos.