No se trata simplemente de una autoridad situándose de maneras cuestionables por encima de un grupo, es la autoridad sumándose al hambre de persecución fomentada por el entorno político que nació de un sistema y solo acrecentó su disfuncionalidad en este gobierno. Gertz escoge a sus víctimas y libra a otras de pecado mientras alimenta la pasión del verdugo; la propia, la del entorno, la de una sociedad indiferente al escándalo.
Con su premiada falta de originalidad, Gertz retoma la persecución como acto fundador de una épica oficial. Es éste el verdadero uso político de la justicia. Más de una época atestiguó la misma estrategia. En 1793 se promulgó en Francia la Ley de los sospechosos, un decreto que permitía la detención de los enemigos de la Revolución. Sospechosas las personas cuyas conductas, sus relaciones, sus palabras o escritos los mostraba como partisanos de la tiranía o el federalismo.
Enemigos de la libertad. Eran sospechosos los funcionarios capaces de traición, los pensadores y quienes no podían justificar el cumplimiento de sus deberes cívicos. Sospechosos aquellos a quienes se les había negado el certificado de buena ciudadanía. Fueron sospechosos quienes no lograron demostrar su compromiso con los nuevos tiempos.
Al método Gertz se le sumó la acusación de delincuencia organizada contra miembros de la comunidad científica. Ya contaba con el rechazo a la Ley Orgánica de la Fiscalía. También son de Gertz las mentiras señaladas por Lydia Cacho que facilitaron la desfachatez de su torturador.
En un país donde la justicia no paga por sus errores, mucho menos lo hace por sus atropellos. El espíritu de la Fiscalía de Gertz es su vocación para forzar como verdad una fascinación por la teoría del complot. En la dialéctica del poder se entrecruza nuestra costumbre a la amenaza y a sus complicidades. La procuración de las intrigas, faltas de ética y rigor; el maniqueísmo de la no pertenencia castigada con la averiguación y su inclusión al index de los sospechosos.
El método depende de la hipocresía en una de sus versiones más mezquinas: no hablar de la tropelía para evitar con el silencio ser el siguiente señalado.
No hay ley capaz de resistir cuando sus tutelares apuestan por relativizarla hasta la perversión donde abunda la discrecionalidad. Gertz es el símbolo de las múltiples descomposiciones en el Estado mexicano, cada una retratada a través de sus relaciones con los distintos círculos políticos, todos. Es el ejemplo más burdo de la falla estructural en la justicia nacional.
Frenético del proceso victimario, México gusta de escoger a unos para pagar las conciencias de los demás. El espectáculo de la justicia es el predilecto en el país de los injustos. La estrategia es sumar pharmakones, chivos expiatorios, para alimentar la ira de los pueblos.
Maruan Soto Antaki
@_Maruan