La revisión de las épicas patrias arrojó un nacionalismo arrogante que insulta en su atavío de pureza, capaz de suponerse exento de las características naturales en todos los nacionalismos, siempre excluyentes, agresivos, mentirosos y xenófobos. En la reinvención de las mitologías cambiamos las fechas en los calendarios, de las fundaciones de ciudades. Qué bonitos quedaron el nuevo billete y las monedas conmemorativas. Todo cabe en el país de la falsa grandeza, salvo las pequeñas cosas que hacen la vida de la gente.
En la exageración del pasado para asirse a él, hay un dejo de vulgaridad que empantana presente y futuro.
Una paradoja succiona a la sociedad cuando es necesario resistirse a los embates del fatalismo y, en simultáneo, la falta de perspectivas se instaura en otros campos de la existencia.
El fenómeno mexicano pide empequeñecer lo importante. Reduce aquello fuera de la sobredimensión de relatos vestidos de identidad. No logramos abandonar los modos de la política del concreto. Nos decantamos por esa costumbre nacional a través de la cual los gobiernos imprimen conquistas con el disfraz de infraestructura o memoria estériles.
Hacemos pequeña cosa nuestro lugar en un índice de delincuencia organizada recientemente publicado. No es nada estar junto al Congo, Colombia u Honduras. No discutimos la realidad, la minimizamos para eludirla. Días atrás se anunció una nueva zona de exterminio entre Monterrey y Nuevo Laredo.
Ya es pequeña cosa la pandemia, a pesar de nuestra penosa relación global con las muertes provocadas por la enfermedad. La ausente perspectiva, una negación al menos retórica, a vacunar masivamente a los menores de edad. Veremos la disolución en la discusión pública del affaire Conacyt; lo disminuiremos como el gobierno mexicano disminuye a la calle. Aún desde Palacio consideran la protesta su monopolio. Es poca cosa el asesinato de un periodista más esta semana, ahora en Morelos.
Es pequeña cosa el estigma de cuanta profesión sea necesario relegar para satisfacer el discurso oficial.
México tiene la facultad de empequeñecer cada aspecto de su disfuncionalidad. Insumos de tradición en el país donde se hacen diminutas las gravedades para olvidarlas.
Maruan Soto
@_Maruan