Como todos los años, dentro de unos días entraremos en el debate sobre si el Día Internacional de la Mujer se celebra o no. Si se conmemora o se reflexiona. La discusión se convierte en un escaparate para discutir formas y olvidarnos del fondo. Sobre si la mujer se celebra, por una parte, por sus aportaciones y sus luchas; o si se el día se conmemora, por los retos y los faltantes. No faltarán las personas despistadas que soliciten el Día Internacional del Hombre, apelando a la equidad (que por cierto, alguien ya lo estipuló un 19 de noviembre).
Pues bien, adelanto mi postura para el próximo día: el Día Internacional de la Mujer debería ser ambos: una celebración y un momento de reflexión. No son exclusivos una de la otra y deberíamos considerarlo también como una oportunidad para avanzar y concretar. Marcar el día en el calendario de la ONU nos ayuda a verificar cómo van las cosas en materia de inclusión, equidad, igualdad, justicia y progreso para la mujer. Nos invita a celebrar aquellas pequeñas o enormes batallas ganadas en estos terrenos y también nos conmina a reflexionar sobre las brechas por cerrar. La discusión que rodee al Día Internacional de la Mujer no debería ser motivo de separación, sino de unión.
El problema con discutir sobre las formas y encontrar o deslindar a responsables es parte de nuestro problema como sociedad. No es que se necesite un día específico para hablar de estos temas (créanme que para quienes nos dedicamos a proveer de herramientas de autonomía y liderazgo a las mujeres, los 365 días son el Día de la Mujer); pero sí es una ocasión para rectificar, planear y avanzar. Sería mejor si todos lo hiciéramos juntos, porque precisamente uno de los objetivos de contar con una conmemoración, es para hacer visible el poder que podemos tener si vamos hombres y mujeres- de la mano hacia una sociedad más justa para todos.
Entonces nos invitaría a que el miércoles, antes de marcarlo con rosa o naranja en el calendario, fuera un día en el que invitemos a nuestros padres, hijas, hijos, amigos, familia y vecinos, a plantear nuestro papel en la búsqueda de la igualdad, del respeto y del progreso compartido. Sumemos siempre, que la discusión sea para mejorar nuestra convivencia y para superar juntos los retos.
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