Cultura

León Felipe y la Universidad de Coahuila

Algunas veces el destino dispone que los hombres en algún momento de sus vidas se encuentren en una geografía distante con otros hombres que los acogen con reconocimiento y cariño por su aportación al terruño que los recibió, muchas veces con aplausos y otras con desencuentros. 

 
En este encuentro azaroso y en esta tierra semidesértica estuvieron León Felipe y Pedro Garfias; los dos republicanos españoles y los dos en diferentes tiempos fueron acogidos por el Ateneo Lagunero que posteriormente sería el grupo que impulsaría la revista “Cauce”: Felipe Sánchez de la Fuente, Rafael del Río, Federico Elizondo, Enrique Mesta, Salvador Vizcaíno Hernández, Juan Antonio Díaz Durán, Emilio Herrera y más tarde José León Robles de la Torre. 

 Estamos hablando de 1949 

 
A finales de los 50 el padre David Hernández S.J. director de Casa Iñigo contrata al escultor Emilio E. Tamariz para que elabore el Cristo de Casa Iñigo, otra vez el destino y Tamariz va a será el autor del busto de León Felipe que se instala en la Facultad de contaduría y administración y hoy se cambia a la Infoteca de la UAC y a la misma se le designa el nombre de León Felipe. Salvador Hernández Vélez rector de la UAC el día 18 de septiembre de este año develó la escultura de León Felipe. Lo acompañaron don José León Robles de la Torre, Magda Briones, estudiantes y miembros de la comunidad cultural de Torreón; se leyeron poemas acompañados de música y se presentó una plaqueta de los poemas del autor recopilados por Juan Manuel López Reyes. 

 
Por cierto al final de la plaqueta viene una despedida atribuida a de León Felipe y que es de Pedro Garfias. En su columna Catón y sus cuatro lectores del 18 de enero del 2013 comenta: “ Pedro Garfias tuvo amigos en Monterrey y, a finales de los años cuarentas, en Torreón. En esta ciudad trató al doctor Jorge Siller Vargas, de excelentes prendas humanas, a quien conocí como miembro de la Junta de Gobierno de la entonces Universidad de Coahuila. El doctor Siller y su señora esposa recibieron con nobleza al desterrado, y lo mismo hicieron Vizcaíno Hernández y la señora Celorio de del Barrio, a quien sus amigos llamaban “Madame”, porque era maestra de francés”. 

 
Señora de Siller, Madame y Salvador... 

 
-pongan aquí sus nombres, mis amigos-. 


Sería imperdonable, enumerándolos, caer en un olvido. 


Los que lean estas líneas
saben a quiénes me dirijo.

Aquí la voz que alimentó mis sábados, aquí la casa abierta, el trigo limpio, la mano franca y generosa, el gesto, la paciencia de Dios y el buen estilo.

Todo para un poeta viejo y triste, alcoholizado y mísero y maldito, con un doble dolor sobre los hombros: el reconocimiento y el despido.

Despedirse, arrancarse la piel, casi es lo mismo.

Pobre de mi voz última, tartamudeo, olvido...

Mi voz futura ha de quemarse sola para cantaros y para sentiros.

-Los que lean estas líneas saben a quiénes me dirijo-.

Os debo un homenaje. Aceptad mi palabra.

No he de morirme sin rendíroslo. 



mary_saldana2002@yahoo.com.mx

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María Isabel Saldaña
  • María Isabel Saldaña
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