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Viernes , 22.02.2019 / 11:05 Hoy

De monstruos y política

El fin del PRI

Marco Rascón

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Lo que estamos viendo es el final del viejo dinosaurio que mantuvo la vela y el timón del país a lo largo de 89 años.

Apoderado y dueño de la Revolución mexicana de 1910 a 1917, el PRI deja un legado cultural sinónimo de corrupción del ejercicio público, autoritarismo, conservadurismo disfrazado de liberalismo, control corporativo de sindicatos, cámaras, organizaciones campesinas, populares, el ejido, la prensa, la radio y la televisión, el manejo discrecional del presupuesto y las participaciones a estados y municipios, las uniones de voceadores, el control del papel para imprimir diarios y revistas, policía política a través de un férreo sistema de control de masas centralizado y depositado en el Presidente de la República.

Ese PRI cultural que anhela y promete el regreso del viejo presidencialismo constituye la cultura priista, que dicen cargamos cada mexicano para gestionar y relacionarnos.

El PRI, que fuera en su evolución PNR y PRM, tuvo su momento de legitimación durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas (1934-1940), que hace justicia a los millones que hicieron y murieron en la Revolución mexicana, expropiando el petróleo, haciendo valer la soberanía, el reparto agrario, la industria nacional y un sistema educativo acorde a los planes del desarrollo económico propio.

El PRI vivió colgado del prestigio de Cárdenas hasta que fuera recuperado en 1988 por un amplio movimiento democrático, que aún teme que regrese la vieja y nueva oligarquía nacional y trasnacional, y para ello no se cuida de perder el poder, sino que nadie ocupe el papel de opositor claro y posible que se lo dispute como en 1988 desde la unidad en torno al programa antineoliberal cardenista.

El PRI tuvo unas merecidas vacaciones de 2000 a 2012, y para su disfrute fueron llamadas “la transición” y “la alternancia”.

Regresó en 2012 gracias a la ineptitud, ambición vulgar y mediocridad de los que se quedaron cuidando la casa y peleándose entre ellos para que el PRI regresara rejuvenecido y presentándose como el Nuevo PRI.

Sin embargo, en su retorno, la falta de mantenimiento de los encargados en 2000 y 2006, hizo que la casa se les esté cayendo a todos.

El PRI ha sido poderoso porque ha hecho creer a los mexicanos que sin ellos el país no existe ni es posible. No obstante, parece que 2018 no es 2012 y ahora sí desaparecen, aunque convertidos.

¿Qué viene? Para ellos, esta derrota electoral no es una batalla, sino la muerte. Pero junto a su fallecimiento va toda su obra negra: el actual sistema de partidos, que les copiaron la manera de controlar y usar el ejercicio gubernamental para fines propios y no del interés general.

En este final, su candidatura día a día cae y la ponen para que se lleve al olvido a sus gobernadores narcos como Yarrington, corruptos como Javier y César Duarte, tratando de salvar las formas de control, demagogia y privilegios para las minorías.

En 2019 el PRI se llevará y no existirán más ni PAN, PRD, Morena, Panal, MC, PT, PES y PVEM, y solo habrá de nuevo un partido único.

Gran tarea quedará para todos los mexicanos probos, luchar contra el nuevo dinosaurio, ¡que se va, se va, se va…!

www.marcorascon.org

@MarcoRascon

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