Antes de enumerar los resultados obtenidos en la votación sobre la Reforma Electoral, es prudente revisar el contexto de cómo fue impulsada y la ruta que siguió hasta su presentación para ser discutida en la Cámara de Diputados.
El timing político elegido no fue el adecuado para llevarla a cabo. El gobierno de la presidenta Sheinbaum enfrenta simultáneamente dos temas delicados que desde hace meses requieren toda la atención y el talento para sacarlos a flote: Las presiones de Trump en el tema de seguridad y la revisión del T-MEC, por lo que no era momento de abrir un frente interno promoviendo una reforma electoral que, lejos de generar consensos, ha profundizado las diferencia en los aliados de Morena.
2. El proyecto de Reforma fue encargado a Pablo Gómez, político con visión del pasado y que no estuvo a la altura de los retos, y a Arturo Zaldívar, inexperto en temas electorales, quienes en lugar de abrir el dialogo organizaron foros que por sus resultados se infiere que fueron una burda simulación.
3. Como señalé con anterioridad, la guerra sucia que dirigen contra los partidos Verde Ecologista y Partido del Trabajo no ha tenido los efectos que se esperaban, a fin de alinear a los diputados de esos partidos aliancistas con Morena.
Ayer Mario Di Constanzo escribió “Tarde Negra en Palacio Nacional”, y hace referencia a la conferencia entre AMLO, la Presidenta y su equipo de operadores, en donde el primero “reprochó a Sheinbaum no haber operado eficientemente la Reforma Electoral, y no haber usado ‘los expedientes’ sobre los principales líderes de los Partidos Verde y del Trabajo”.
4. La votación de este martes en el Congreso deja varias lecturas: Ausencia de liderazgos fuertes en Morena y el Verde Ecologista, incapaces de alinear a sus bancadas legislativas; continúa la práctica de comprar los votos de los diputados, lo que se evidenció con los cuatro legisladores de Morena que votaron en contra de su propio partido, y en el caso del Verde Ecologista, doce de sus diputados sufragaron a favor del proyecto que públicamente habían rechazado y que es la propuesta de Morena.
Nuevamente quien mostró congruencia en su voto fue el Partido del Trabajo, cuya bancada se alineó en un mismo sentido, lo que deja ver la cohesión del grupo parlamentario y la atinada conducción política, oponiéndose a la Reforma, mas no al proyecto de la 4T.
Hace unos días en un desayuno con mi amigo el ex gobernador mexiquense César Camacho, quien ha sido protagonista de los avances que ha tenido el sistema electoral, coincidimos en que, más allá de las diferencias partidistas, de aprobarse la Reforma como originalmente se planteó significaría un retroceso a la democracia que dio inicio desde 1977, año en que se impulsó una reforma que abrió el camino a la pluralidad.