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Contracorriente

Emergencia de madrugada

Maite Azuela

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La familia Ochoa opera una ambulancia privada en horario nocturno. Recibe llamadas de policías citadinos que le revelan la ubicación de accidentes o emergencias médicas que requieren traslado de personas en situaciones críticas de salud. Son cuatro integrantes de tres generaciones, el padre y sus dos hijos jóvenes, además de su hijo pequeño que ronda los 9 años y que los acompaña a pesar de que los desvelos excesivos le impiden asistir a la escuela con regularidad.

Habitan un espacio modesto en el que escasea el agua caliente y, aunque tienen techo, hay ocasiones en que solo hacen una comida al día con lo que juntan por la remuneración voluntaria de los pacientes a quienes les otorgan servicio de emergencia sobre ruedas, para depositarlos en alguna clínica con la que tienen acuerdo para ingresarlos.

Podemos presenciar varios episodios de su vida diaria gracias al director Luke Lorentzen, quien una mañana se asomó desde la ventana de su departamento en Ciudad de México y se sorprendió de ver que un niño salía de las puertas de la ambulancia para jugar con un balón de futbol sobre la banqueta. Su oficio de documentalista lo incitó a solicitarle a la familia Ochoa que le permitieran acompañarlos con cámara en mano, para seguir su rutina nocturna y capturar la esencia de sus motivaciones.

Solidaridad y sobrevivencia son dos de las palabras que hacen eco una vez que como espectador vives desde la pantalla la adrenalina al límite con la que la familia Ochoa se desplaza por calles de Ciudad de México, en el intento de que las personas lleguen con vida a recibir atención médica. El documental, filmado hace tres años, lleva el nombre de Midnight family (Familia de medianoche) y retrata con humor y profunda empatía historias de diferentes personas que en plena noche o madrugada requieren atención de emergencia. Además de superar los retos de rescatar heridos de madrugada, la familia Ochoa debe lidiar con la permanente extorsión de las patrullas de la ciudad.

En Ciudad de México sólo hay 45 ambulancias para operar en horario nocturno a una población de 9 millones de habitantes. Este dato es tan alarmante como la bocina de una ambulancia que se aproxima de lejos. En palabras de Lorentzen, “la Cruz Roja cubre menos de 15 por ciento de los accidentes de la ciudad. La mayoría de los accidentes que cubre el gobierno son por parte del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas, que cuando operan con su mayor capacidad lo hace en situaciones de alerta como el temblor del 19 de septiembre de 2017, cuando aumentaron la circulación de sus ambulancias a 18 para atender la crisis de la ciudad”.

Tuve oportunidad de ver este documental en la inauguración del Festival Ambulante que, al concluir la proyección, nos permitió sostener una conversación con la familia Ochoa, el director y las productoras Elena Fortes y Daniela Alatorre. Vivir varias noches encapsuladas de forma magistral en este documental nos obliga tener una reflexión sobre el sistema de ambulancias de la ciudad. Podemos por lo pronto tener la legitima aspiración de que algún día nuestra ciudad cumpla con el estándar que establece la Organización Mundial de la Salud: Una ambulancia por cada 20 mil habitantes.

@maiteazuela

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