Ciencia y Salud

Orgullo

  • Para Reflexionar
  • Orgullo
  • Luis Rey Delgado García

Aunque a menudo utilicemos la palabra “orgullo” para indicar la satisfacción que nos produce algo o alguien, este término también designa una actitud destructiva: 

Una persona orgullosa es esencialmente competitiva y busca colocarse por encima de los demás. 

Lo que le causa placer no es tener algo, sino tener más que aquellos que le rodean... Lo que hace que nos sintamos orgullosos es la comparación; el placer de estar por encima de los demás.

Cotidianamente, la persona orgullosa no se preocupa por que sus ingresos guarden relación con sus necesidades... sino por que sean mayores que los de alguien. 

Está siempre comparando su apariencia; sus ingresos; su pelo; su ropa; su físico; etc... Basa su autoestima en el número y prestigio de amigos que cree tener, o en la cantidad de elogios que recibe. 

No valora tanto lo que la gente sabe, sino el status que ha alcanzado. De tal modo que, no encuentra sentido en dar, sino en “dar más que otros” y cobrar notoriedad por ello.

En la persona orgullosa no hay alegría, porque siempre existe la posibilidad de que alguna otra persona sea más atractiva; tenga más dinero; más amigos; una casa más grande o un auto nuevo. 

El orgullo es pernicioso porque “estropea” significados y fines. Embota la conciencia moral y finalmente, desemboca en la envidia, el odio...

La persona orgullosa tiene “mentalidad de escasez” y el egoísmo que genera es devastador. ¿Cuánto tiempo y energía dilapida la persona que vive pendiente de saber quién es el que más tiene, el que más hace, el que mejor luce, el que vive en colonia más cotizada, tiene la oficina más amplia, gana más dinero, etc.?

El orgullo, ser orgullosos es uno de los peligros más graves que enfrentamos en nuestro esfuerzo por llegar a ser “mejores personas”. 

El antídoto es la humildad: la humildad que nos permite darnos cuenta de que no somos una “isla” y que –la calidad de nuestra vida– está indisolublemente unida a la calidad de vida de los demás.

Cuando cambiamos la disposición y actitud del orgullo por la de la humildad, no nos regimos más por patrones de medida externos y desarrollamos una profunda paz interior, la humildad y la verdad van de la mano. 

Bajo el paradigma de la humildad, comprendemos que lo importante (lo que realmente tiene sentido) no es consumir y competir... Sino contribuir y compartir. 


luisrey1@prodigy.net.mx

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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