En evento celebrado en una sala del Tribunal Superior de Justicia que lleva el nombre de Jorge Treviño, se presentó un libro que comentaron Francisco Valdés y Lucas de la Garza. El texto es una autobiografía del gran gobernante que fue Jorge Treviño Martínez.
Durante la presentación se abordaron muchos temas que, con tersura y suavidad, hablan de una personalidad única; porque no estando preparado para gobernar a la usanza convencional de los partidos tradicionales, logró emerger y salir de la profundidad de su propio ser para construir toda una filosofía del arte-ciencia de gobernar, que se basa en la sencillez, la tranquilidad, la ternura y el buen juicio, al margen del interés de los partidos y como dice el texto: solo lo hice por Nuevo León.
Dentro de esos comentarios faltó el interés supremo de Jorge por la cultura, pues gracias a él se estructuró la Pinacoteca, que persiste como obra regional, a pesar de todos los desaires que ha tenido.
En esa época se creó el museo Marco, que no es privado, sino público; se hizo gracias a un concilio entre Gobierno e iniciativa privada, lo construyó el arquitecto Legorreta. Es uno de los mejores museos de arte metropolitano del continente, creado por iniciativa de Jorge y gracias a la gestión de los terrenos que hicimos en esa época.
También se olvidó que gracias a este gobernante, el antiguo palacio municipal, que estaba convertido en un juzgado lleno de expedientes, se transformó en el Museo Metropolitano.
Como corolario, recuerdo que gracias a Jorge se introdujo la educación personalizada, para darle a cada quien lo que puede ser y no lo que el Gobierno quiere que sea y también la gestión social de la jubilación dinámica, para que los maestros tengan el derecho a su retiro con dignidad. Esas y muchas otras cosas más se olvidaron de un gobernante ejemplar que sigue sin cambiar de personalidad, simplemente creando, viviendo con fuerza existencial y ganando cientos de amigos que lo admiramos y nos sorprendemos de su perenne fórmula de dar, amar, comprender, perdonar, tolerar y sobre todo de crear.
DESCARTES: Pienso, luego existo… El libro de Jorge Treviño: ejemplo de gobernanza y de respeto a algo que no es política del poder, sino del espíritu y del saber, que es la cultura, que ahora se está perdiendo por intereses mezquinos.
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