La exégesis o interpretación de los textos bíblicos, es un ejercicio hermenéutico que requiere conocer el significado de las palabras en su lenguaje original, así como considerar el contexto religioso, histórico, social y geográfico en el que fueron escritos, además de tener una habilidad especial, para saber extraer el mensaje que se oculta en los entretelones de la alegoría o la metáfora, para luego explicarlo de manera que cumpla con su función de enseñar, ilustrar, dar lección o dicho de otra forma: hacer conciencia.
Tal vez por esto, para mejor extraer las perlas de sabiduría de un texto religioso, sea éste La Biblia, El Corán o el Tripitaka o Canon Pali (La versión escrita más antigua de las enseñanzas de Buda), es recomendable la guía de un experto en su lectura.
Así me sucedió con el pasaje de Bartimeo, el ciego que permanecía sentado mendigando a la orilla del camino de Jericó, que narra el evangelista Marcos (10:46-52). Recuerdo que alguna vez lo había leído, pero no fue sino hasta que escuche la exégesis de Enrique, sacerdote versado en esos menesteres, que “me cayó el veinte” no solo del sentido del pasaje, sino de la gran aplicación que esa enseñanza tiene en todo tipo de situaciones adversas de la vida.
En este caso la clave está en las palabras: ciego, sentado y mendigando. Cuantas veces nos resistimos a aceptar nuestra realidad o responsabilidad, escapándonos mediante toda clase de fugas o autoengaños, como el alcohol, el sexo o las drogas.
Cuantas veces ante la adversidad nos quedamos inmóviles como el cervatillo qué, petrificado por el miedo, es incapaz de reaccionar ante el depredador que lo acecha. Y cuantas veces en esa actitud de ceguera y parálisis voluntarias, nos quedamos a la orilla del camino mendigando las migajas de la vida y esperando que otros resuelvan nuestras dificultades.
Seguir la Luz, es atreverse a ver sin miedo, a levantarse sin miedo y a caminar sin miedo. Bartimeo está en cada uno de nosotros, y todos somos Bartimeo.
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