Nuestro diario andar por la ciudad o por el campo está lleno de estímulos sensoriales. La vista es uno de los que más información nos transmite, pero desde luego no es el único ni el más importante, es indispensable entender que nuestra percepción es multisensorial y que la estética de nuestro entorno no es un fenómeno exclusivamente visual. Por ejemplo, el ruido excesivo puede ser más nocivo para la salud de las personas que un entorno visualmente desagradable. Del mismo modo, la contaminación atmosférica, el aire mezclado con humo y vapor, además de su mal olor, es causa de múltiples enfermedades.
Mediante la vista reconocemos gran parte de los elementos construidos y naturales que nos guían en el tránsito por los espacios que habitamos. Dentro de ellos además encontramos algunos que nos agradan y otros que nos molestan. La belleza o la fealdad de algunos edificios, anuncios o estructuras viales son importantes para contribuir a la experiencia del espacio. Se puede decir que en los lugares bellos se encuentra mayor paz y tranquilidad, pero desde luego esto es subjetivo.
Un paisaje que se satura de información visual provoca efectos que pueden ser dañinos para las personas. En primer lugar el sentido de la orientación se ve afectado por el exceso de objetos visibles, ya sea a pie o en automóvil, y puede provocar accidentes y pérdidas sustanciales de tiempo. Por otra parte se encuentran factores de tipo psíquico y emocional que son más complejos de determinar pero que seguramente cambian según la estabilidad de lo que percibimos con la vista y sus repercusiones en nuestra tensión nerviosa y en general en el placer o molestia que nos pueden causar.
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