Política

Una novela que expone el racismo

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El terrible y repugnante ataque racista que sufrió hace unos días el jugador francés Kylian Mbappé por parte de la senadora paraguaya Celeste Amarilla me hizo recordar la novela ganadora del Premio Pulitzer, El color púrpura, de Alice Walker. Con tristeza veo el correr de los años y me duele e indigna constatar que sigan vivas las voces de odio —y varias de ellas provienen de personas que ostentan cargos públicos—. 

Walker nació en 1944 en Georgia, Estados Unidos. Fue la octava hija de una familia donde sus abuelos sufrieron la esclavitud en el campo. Las condiciones de la comunidad negra eran precarias, vivían en un estado perenne de pobreza y la discriminación racial iniciaba con la discriminación económica. Las mujeres vivían bajo el estigma que sólo servían para trabajar en el hogar y procrear. Alice aprendió a desenvolverse en un mundo en su contra. Desde pequeña se vio obligada a limpiar y a cocinar. Su madre fue una mujer extraordinaria dedicada al servicio doméstico y a la costura. Se marchó de la casa de su propio padre porque no soportó los maltratos y se empeñó a toda costa en llevar a Alice a la escuela —donde fue reconocida como una niña precoz—. Con el apoyo de su madre, Walker dedicó horas a la lectura. Sintió el impulso de la escritura y se sentaba bajo un árbol o paseaba por el campo en busca de paz y silencio. Cuando reveló sus intereses intelectuales, su padre los descartó. Su madre hizo un esfuerzo monumental y le dio tres regalos: una máquina de coser para que pudiera ser independiente, una maleta para que viajara y una máquina de escribir. Recibió una beca para estudiar en Spelman College. A partir de ahí empezó su participación en el activismo contra el racismo en contextos cotidianos como la casa, la fábrica, las escuelas y las oficinas. El personaje principal de su novela, Celie, es una esclava de amos-hombres al tiempo que ellos mismos son esclavos-libres de los blancos. Su padre la viola a los 14 años y ella queda embarazada para luego ser vendida a un hombre que la utiliza como bestia de trabajo. Después de un periplo lleno de golpes y dolor se emancipa —al igual que su creadora— por medio de la costura. 

Walker retrata la sociedad americana de principios del siglo XX, pero el problema persiste hasta nuestros días en comunidades africanas: jovencitas no pueden pagar sus colegiaturas, presentan embarazos precoces o matrimonios infantiles y se feminiza la pobreza. En la novela, el marido le grita a Celie: “Mírate, eres negra, pobre, fea y mujer. Vamos, tú no eres nadie”. Me recordó la lengua viperina de la senadora paraguaya. Kylian es una persona pública, pero ¿qué ocurre con esas jovencitas que pasan desapercibidas? Hay esperanza: las becas Kipepeo son un proyecto de costura que permite que jóvenes africanas se independicen —aprenden a coser para ayudar a sus familias y salir adelante, igual que Celie. 

Querido lector, si le indigna el racismo y la desigualdad es hora de pasar a la acción.


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Ligia Urroz
  • Ligia Urroz
  • Nicaragüense-mexicana de naturaleza volcánica. Transita entre la escritura, la música y el vino. Sommelier de vida. Publica su columna Desde el volcán los viernes cada 15 días en la sección M2.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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