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El espejo roto

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  • Leonardo Schwebel

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M+.- Cada vez que un joven desaparece, sobre todo menor de edad, detrás hay una historia que casi siempre empieza mucho antes. 

Puede haber falta de oportunidades, una escuela que no logró retenerlo o, simplemente, la ausencia.

Lo más cómodo es decir que son jóvenes sin valores. Lo más fácil es responsabilizar a los padres. Lo más rentable políticamente es anunciar operativos y presumir detenciones. Pero ninguna de esas respuestas resuelve el problema de fondo.

Un menor no debería ser más atractivo para un grupo criminal que para una escuela, un centro deportivo o una institución pública. Y, sin embargo, ésa es una tragedia: hay organizaciones capaces de ofrecer dinero, pertenencia, identidad y una falsa sensación de poder en días, mientras el Estado tarda meses o años en construir una alternativa.

Cuando un muchacho es reclutado, no solamente pierde su familia. Perdemos todos. Es una generación que debería estar aprendiendo, jugando y construyendo un proyecto de vida. En cambio, algunos terminan aprendiendo a matar, extorsionar, vigilar o desaparecer personas.

Y aquí aparece una pregunta incómoda: ¿en qué momento dejamos de ver al menor como víctima y empezamos a verlo solamente como problema?

La respuesta no puede ser la indiferencia. Tampoco la criminalización automática. Si un adolescente participa en un delito, debe responder ante la ley conforme a su edad y circunstancias. Pero si fue captado, amenazado, engañado o utilizado por adultos, también debemos mirar hacia quienes lo reclutaron y hacia las fallas que permitieron que eso ocurriera.

No podemos pedirle a un menor que tenga la fortaleza que muchas veces no tienen las instituciones que deberían protegerlo.

La verdadera seguridad no empieza con una patrulla. Empieza mucho antes: en la casa, en la escuela, en el deporte, en la salud, en espacios públicos seguros y en autoridades que respondan cuando todavía hay tiempo. Un joven no debe ser el espejo de nuestro fracaso. Debe ser la oportunidad de demostrar que todavía podemos corregirlo.

Porque cuando un menor cae, la pregunta no debería ser solamente qué hizo. También debemos preguntarnos qué dejamos de hacer nosotros para evitar que llegara hasta ahí. La prevención debe ser una obligación permanente, no una reacción ante una tragedia.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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