¿Escucha la voz de su corazón? ¿Qué le dice de nuestro puerto? Cuando era niña mi padre tenía una camioneta un poco desvencijada, pero nos llevaba a muchos lugares, me gustaba ir en la caja, porque el viento esparcía mi cabello, sentía el canto de las hojas y podía mirar la geografía de la ciudad, en un tris, las casas, los árboles, las nubes flotando en el cielo.
Cuando pasábamos por la laguna Del Carpintero, nos tapábamos la nariz, y hacíamos muecas, tenía un olor fétido, insoportable.
Hubo un tiempo que se pensó disecarla. Hoy la laguna es sitio de alegría familiar. Gracias a los que tuvieron la brillante idea de sanearla, para el bienestar porteño. Veo a jóvenes, en bicicleta, patines, otros jugando futbol, unos más besándose, mostrando al mundo su juventud y felicidad.
Es como un sitio democrático, libre, podemos caminar y gozar del paisaje y su fauna. Los niños que nacieron en 2008, ahora tienen mayoría de edad y tal vez, no saben que había un proyecto, para construir un centro Comercial, un hotel, entre otras cosillas, todo en pos del empleo, el turismo y lo que gusten y manden. Los mismos argumentos, para apropiarse de bienes públicos, y de un plumazo convertirlos en privados. Desde entonces, hay manos ocultas que insisten en lo mismo, a pesar de ser humedales protegidos.
En aquellos años fueron a la cárcel miembros de la Otra Campaña, que se quedaron haciendo guardia para salvaguardar la laguna y se logró. Muchas voces se esparcieron para su defensa. También marchamos, hicimos carteles, cartas, se detuvieron esos planes.
Cuando tumbaron 105 árboles: eucaliptos, mangos, limones, pinos, una alberca olímpica en la Colonia Unidad Nacional, muy pocos vecinos protestaron, ahora pasean sus perros por las banquetas o las calles y no hay un parque para caminar seguros. La indiferencia nos pasa factura.
Parece que tenemos amnesia, lagunas mentales, ¿hasta cuándo? Se acuerdan del hidrotúnel, tantos estudios, y protestas, hoy, con un poco de imaginación, podemos ver, a qué intereses protegían. Así las cosas, en nuestra patria chica, en espera de los primeros nortes no metafóricos, la caída de las hojas otoñales y otros derrumbes ecológicos. No dejemos de lado las señales del corazón, algo nos quieren decir. Carpe diem.