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Sábado , 16.02.2019 / 20:02 Hoy

Doble fondo

Hablen con AMLO, que la guerra sigue

Juan Pablo Becerra-Acosta

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Alguien debe hablar con el Presidente de la República. Primero, alguien que sepa de los muchos infiernos que hay en el México de los ejecutados, los desaparecidos, las fosas clandestinas y los feminicidios. Alguien que conozca la guerra entre narcos y contra el crimen organizado. Alguien que haya visto o vivido de cerca ese abismo. O al menos, alguien que tenga toda la información y que no la filtre ni la matice.

Alguien que lo confronte. Alguien que sea escuchado con atención. Alguien persuasivo, inteligente. Alguien sereno, pero emotivo. Alguien sensible. Tal vez Olga Sánchez Cordero. O Beatriz Gutiérrez Müller. Alfonso Romo. Alfonso Durazo. Marcelo Ebrard. Jesús Ramírez Cuevas. César Yáñez. O su consejero, el de los dos Porsche, Julio Scherer Ibarra. O el general Luis Cresencio Sandoval González. El almirante José Rafael Ojeda Durán.

O de plano, todos juntos: que le apliquen una intervención, una junta de familiares y amigos con alguien que tiene o afronta problemas serios y yace en estado de negación.

Quizá ellos puedan hacerle entender que en el infierno no hay “traviesos”. Hay monstruos despiadados. Y tal vez puedan hacerle comprender que no debe seguir hablando de traviesos porque es una afrenta para decenas de miles de huérfanos, viudas, padres mutilados de sus hijos, a quienes no les resulta gracioso escuchar cada mañana esa imprudencia de “traviesos que se portan mal”.

Entiendo que el Presidente no quiere polarizar más, pero debe asimilar que los jefes huachicoleros y sus halcones y sicarios son criminales que, como los capos del narco y sus escuadrones, secuestran mujeres y las usan sexualmente y luego las traspasan como si fueran un suéter raído. Son machos, misóginos que luego las ejecutan. No son traviesos. Reclutan niños, menores de edad y los pervierten: les enseñan a matar y torturar.

Son monstruos que levantan, secuestran, despedazan, mutilan, decapitan, disuelven, queman cuerpos. Son tipejos que extorsionan, le quitan su dinero a cualquiera que trabaje, sin importar su oficio o profesión. Y si la gente no paga, toman vidas: por extorsiones no cobradas esos traviesos han exterminado gente en la mismísima Ciudad de México.

Y está el otro asunto del que deben hablar con él: de su vida. Tienen que hacerle entender que no, que la guerra no ha acabado. Al contrario: se abrió otro frente con la batalla huachicolera. Miles de millones de pesos en disputa. Y ya vimos, los jefes del huachicol pueden amenazar y amagar con un atentado, así que hay que alertar al Presidente: pueden intentar asesinarlo. Que no se intimide, pero que sí sea prudente y sensato: basta un jefe de plaza enloquecido, acorralado, un fajo de billetes, un sicario cualquiera, una escuadra, una mano que dispare, y se jodió México.

Cada vez que es machucado por una muchedumbre desaforada sin que tenga la seguridad adecuada, estamos viendo con angustia la potencial escena de un magnicidio perpetrado por alguno de tantos canallas a sueldo que andan sueltos en todos los estados del país. Asumo que no pretende ser mártir —como dice Roberto López— ni santificado políticamente, sino gobernar seis años y hacer historia.

¿Alguien, algún ganso que hable con él? ¿O nomás nos bendecimos y ya?

jpbecerra.acosta@milenio.com
@jpbecerraacosta

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