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Miércoles , 20.03.2019 / 23:59 Hoy

La vida inútil

Un turista en Singapur

Juan Miguel Portillo

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Recién regresé de un viaje por el continente asiático y uno de los destinos fue Singapur. Es una ciudad-estado alucinante, la nación más próspera de Asia, con gente buena y trabajadora, un país líder en sanidad y educación.

Pero el progreso y la salud no han sido gratuitos, a los singapurenses les ha costado algunas libertades, y a los turistas también. Y es que Singapur te pone más restricciones que el nutriólogo después de Navidad.

Yo soy un aficionado a las gomas de mascar y no me hizo muy feliz saber que la venta de chicles está prohibida en ese lugar, y tirar uno masticado en la vía publica te puede costar caro. No importa si se te escapó de la boca en un estornudo intempestivo, de esos que no ves venir, que te toman distraído y aprovechan para salir del cuerpo a la velocidad de un auto de fórmula uno. Si un policía te ve echar esa goma de mascar al piso, se arrojará sobre ti y, como si fueras el propio chicle, te masticará sin piedad hasta exprimirte todo el jugo y dejarte sin sabor. Si eres turista solo te autorizan introducir dos paquetitos de chicles. Si intentas pasar la aduana con más de lo permitido puedes enfrentar un año de prisión y una multa de 2400 dólares. Si lo piensas bien, en algunos países te dejan llevar más mariguana y las consecuencias por infracción son menos duras. Posiblemente les cause horror saber que con un buen chicle se pueden hacer bombas.

Escupir en la banqueta es una de las perores cosas que se te pueden ocurrir. No es que andemos por la vida lanzando salivazos a diestra y siniestra, pero en Singapur tienes que andarte muy precavido y evitar que se te salga la baba si ves a una muchacha de buenos bigotes. 750 dólares podría costarte el devaneo.

De igual manera, orinar en los elevadores también conlleva una multa de 750 dólares americanos. Así que si sufres de incontinencia o si padeces fobia a los ascensores y te dan ganas de hacer pis del susto, mejor usa las escaleras.

Dar muestras de cariño en público constituye un serio desacato. Nunca se nos aclaró qué demostraciones de afecto conforman la lista negra pero, por si las dudas, mi mujer y yo nos mantuvimos distantes toda nuestra estancia; ni una tomada de mano ni un cariñito; cuando teníamos que hablar entre nosotros lo hacíamos de mal modo, con desprecio, queríamos desvanecer cualquier sospecha. Si piensas ir a Singapur con tu pareja, debes saber que darle un besito o un inocente pellizquito en la nalga pueden llevarte a la cárcel y mantenerte ahí todo un año. Y sin posibilidad de visita conyugal, por supuesto, porque tu pareja está en la misma situación que tú.

Fumar en lugares públicos es castigado con 750 dólares. Si quieres echar humo tienes que localizar los sitios específicos para este propósito y fumar ahí tu cigarrillo y, de pilón, los de los ahí presentes. En esos lugares se ve a la gente fumar como si no hubiera un mañana. Yo vi puntos para fumadores en un donde había más personas que afuera.

Ir al baño y no jalarle es una de las cosas más penosas pero en Singapur es una de las más penadas. La multa puede ser de hasta 1000 dólares. Ignoro en qué basan el tamaño de la multa que aplican en cada caso pero todo lo que se me ocurre es por lo menos guarro. Debe haber un cuerpo policiaco encargado de inspeccionar los sanitarios y aprehender en flagrancia a los infractores, lo cual debe ser un trabajo bastante desagradable. De existir esta policía, debe llamarse algo así como Corporación Aplicada de Combate a la Antihigiene, o CACA por sus siglas en español. También es posible que tengan estratégicamente distribuidos en los sanitarios a un entrenado equipo de soplones vigilando a los otros soplones.

Cruzar la calle por donde no se debe, tirar basura en la vía pública, comer o beber en el metro, también suponen sanciones que pueden llegar hasta varios miles de dólares. Estas medidas implacables aunadas a una policía sin corrupción han hecho que este país sea un lugar ordenado, limpio y pujante. Feliz a su manera.

Sin duda mi paso por Singapur fue una experiencia fantástica, aunque debo admitir que nunca antes, como turista, había sentido tantas ganas juntas de mascar chicle, fumar en la calle, escupir en la vía pública e ir al baño y no jalarle.

@jmportillo

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