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Viernes , 19.04.2019 / 08:27 Hoy

La vida inútil

Lo que Facebook se llevó

Juan Miguel Portillo

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Últimamente he recibido en Facebook, por parte de algunos de mis amigos virtuales, varias de esas declaraciones de privacidad en las que el usuario le prohíbe tajantemente a esta red social que use sus datos personales, así como los contenidos compartidos en sus muros (textos y todo tipo de imágenes como fotografías, videos, viñetas) y evitar así que esa empresa los aproveche con vaya usted a saber qué mezquinos y siniestros fines. Dichas declaraciones generalmente van precedidas por una frase de brutal contundencia por parte de quien la publica, como ésta: “Aquí les dejo esto por si acaso…”.

Certeza tengo de que usted, lector informado, no ha caído en la tentación de copiar y pegar en su muro ninguno de estos mensajes, pero seguramente el vecino del primo de uno de sus amigos sí lo ha hecho “por si las dudas”, esperando que con ello la integridad de sus datos y la de sus derechos de autor queden en estado virginal. Si lo conoce, hágale saber que cayó en la trampa, perdió su tiempo y más de alguno de sus contactos se rió de él. Claro, dígaselo con tacto y todo el respeto.

Existen varias versiones de estos manifiestos, aquí una de ellas:

A partir de hoy 28 de junio, 2016, no doy a Facebook o las entidades asociadas a Facebook permiso para usar mis imágenes, información o publicaciones, tanto del pasado y el futuro. Por esta declaración, doy aviso a Facebook que está estrictamente prohibido divulgar, copiar, distribuir o tomar cualquier otra acción contra mí en base a este perfil y / o su contenido. El contenido de este perfil es información privada y confidencial. La violación de privacidad puede ser castigada por la ley (UCC 1-308-1 1 308-103 y el estatuto de Roma).

Nota: Facebook es ahora una entidad pública. Todos los miembros deben publicar una nota como ésta. Si lo prefiere, puede copiar y pegar esta versión. Si no publica una declaración al menos una vez, estará tácticamente permitiendo el uso de sus fotos, así como la información contenida en las actualizaciones de estado de perfil. No compartir. ¡Tiene que copiar y pegar!”

En este texto los celosos usuarios se declaran propietarios intelectuales de todo lo que publican, incluidos, supongo, los memes, gifs y chistoretes que han copiado a libre demanda de los muros de otras personas, que a su vez lo han tomado prestado sin permiso de alguien más, que a su vez lo birlaron de otro…. y así.

Para que la cosa tenga pinta legal, en estos mensajes se citan leyes y acuerdos internacionales como el Estatuto de Roma. Una verdadera vacilada de secundaria. Si buscamos en Google, este estatuto se refiere a un acuerdo entre naciones para castigar los delitos de lesa humanidad. Con una foto mía podré matar del susto a más de uno pero eso no califica como genocidio.

¿En verdad, cuando publicamos estas declaratorias, creemos que Facebook desea apropiarse de nuestras **selfies? ¿Para qué? ¿Para usarnos en calidad de top models en alguna campaña publicitaria? ¿o para imprimirla y lucirla en alguna pared de la casa de Mark Zuckerberg?

Lo gracioso es que los desconfiados internautas que pegan este mensaje con el fin de resguardar su privacidad, son los mismos que nos enteran a todos de cada paso que dan durante el día, desde que despegan el ojo por la mañana, sus logros en el gym, su traslado a la oficina, cuando están comiendo algo delicioso, las gracias que hacen sus mascotas, sus tormentosas cuitas sentimentales (las de ellos, no las de sus mascotas), la peli que están a punto de ver y hasta cuando van a hacer pis.

En realidad, a Facebook, en el momento en que abrimos una cuenta, le estamos otorgando datos personales básicos y con el uso diario le proporcionamos información sobre nuestras preferencias y hábitos de consumo que ellos usarán, no para adueñarse de nuestras vidas, sino para sugerirnos productos y servicios. No hay que olvidar que Facebook es un servicio gratuito para el usuario y su negocio es vender publicidad. Es algo muy parecido a lo que hace Google cada vez que lo utilizamos para hacer búsquedas: aprender de nosotros y almacenar esos datos para luego vendernos lo que consideran puede ser de nuestro interés. Y también lo que no. Con el tiempo, este tipo de servicios inteligentes terminan siendo más inteligentes que nosotros y saben más de nuestros gustos que nosotros mismos.

Cuando publicamos una declaración como ésta no le estamos prohibiendo absolutamente nada a esta empresa porque los derechos legales sobre el material están cabalmente regulados en la Política de Privacidad de Facebook (https://www.facebook.com/policies), ésa que ni usted ni yo leímos cuando abrimos nuestras cuentas y que aceptamos sin remilgos.

Si a usted le preocupa el alcance de divulgación de lo que publica, vaya a la sección de privacidad de su cuenta, en el ícono con forma de candado, y haga los ajustes de privacidad necesarios. Ahí puede determinar si sus mensajes pueden ser vistos por todo el mundo, sus amigos, algunos de ellos o solo usted. Créame, sí funciona.

Si al vecino del primo de su amigo le quita el sueño lo que Facebook haga con su información y no está de acuerdo con sus políticas, hágale saber que no es necesario que copie y pegue en su muro este tipo de mensajes inútiles. Lo mejor y más efectivo para dejar de sentir que lo que Facebook se llevó fue su privacidad es que deje de divulgar su vida en esta red social. El mundo extrañará el minuto a minuto al que le tenía acostumbrado pero él vivirá más tranquilo.

@jmportillo

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