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Sábado , 23.03.2019 / 13:15 Hoy

Instinto de conservación

Miércoles de ceniza

Juan Miguel Alcántara Soria

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Polvo somos, en polvo nos convertiremos. Recordatorio pertinente de vez en vez. Mi madre cumplirá 97 años, instruye para momento del morir para vivir: No me rosticen de golpe, dejen me convierta a mi paso. Cadencia de mujer de su tiempo, carne de su carne, sangre de su sangre. Somos cuerpos espiritualizados o espíritus encarnados, explico a alumnos. Indispensable visión antropológica presupone reconocernos como unidad bio-psico-social, constitución física o cuerpo individual dotado de más de 130 sentidos internos y externos, para captar realidad; somos un microcosmos o síntesis del universo, dijeron los griegos; con el carácter, que cada uno masera en el tiempo, confluye con lo inmaterial y lo espiritual y sus facultades de inteligencia y voluntad, nuestra alma vegetativa-sensitiva-espiritual. Sí, somos polvo. ¿Tenemos algún sentido?

En éste siglo la tecnología ha estado distanciándonos de nuestro cuerpo: hemos perdido capacidad de prestar atención a lo que olemos y saboreamos. En lugar de ello nos absorben nuestros celulares y computadoras. Estamos más interesados en lo que ocurre en el ciberespacio que en lo que está pasando en clase, casa o en la calle. Es más fácil que nunca hablar con mis amigos de Madrid y más difícil hablar con mi hijo durante la comida, porque está buen rato pendiente de su teléfono en lugar de estarlo de mí. La tecnología afecta nuestra afectividad. Asombran también quienes en este siglo prestan más atención a su cuerpo pasando horas en el gimnasio para parecer pavorreal: plumaje máximo, cerebro y sentidos mínimos.

En el pasado, los humanos no podían permitirse tal indiferencia. Campesinos siempre estaban alerta y vigilantes. Mientras se desplazaban por los surcos, observaban el terreno, atentos a cualquier movimiento en la hierba para descubrir si allí había un alacrán o serpiente al acecho. Si buscaban hongos comestibles, los comían con suma atención para distinguirlos de su especie venenosos. Nosotros no necesitamos esa percepción tan aguda. Recorremos estanterías del supermercado, escribimos mensajes, y compramos cualquiera de un millar de productos alimenticios-si no compramos en Amazon-. Lo que escojamos podemos comerlo apresuradamente frente a un televisor mientras leemos los correos electrónicos sin apenas prestar atención al degustarlo que comemos o bebemos.

Zuckerberg dice que Facebook se comprometió a “continuar mejorando nuestras herramientas para proporcionarnos el poder de compartir nuestra experiencia con los demás”. Lo que la gente podría necesitar en realidad son herramientas para conectarse consigo misma, a sus propias experiencias y al de al lado. En nombre de “compartir experiencias”, se anima a la gente a entender lo que les ocurre en términos de cómo me venlos demás. Si sucede algo emocionante, el instinto visceral de usuarios de Facebook es sacar sus teléfonos, hacer una foto, publicarla en línea y esperar los “Me gusta”.

En el proceso, apenas se dan cuenta de lo que han sentido ellos. De hecho, lo que sienten está determinado cada vez más porlas reacciones en línea de otros (Yuval N. Harari, “21 lecciones para el siglo XXI”). Salvar brecha entre conectado y desconectado exige apreciar tenemos más que par de ojos y oídos conectados a pantalla y tarjeta de crédito: ¡128 sentidos más!

Días de olor a azahares de naranjos en entrada de casa, de color de jacarandas en nuestra calle, colibríes en bugambilia; cuaresma de abulón, callo de hacha, almejas, aguachiles, mero o atún; también mezcal ahumado, albariño frío, expreso cortado. Olfato, gusto, tacto, otro cuerpo ¿Podemos ser felices en este mundo desconectados de nuestro cuerpo? La vida es hermosa y el tiempo vuela. Somos polvo…

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