Probablemente ni ellos saben que desde antaño les decían “La Pandilla” como sinónimo de puñado de jugadores capaces de hacer destrozos en cualquier campo.
Hoy intentan demostrar que todavía pueden. Cuando fueron campeones en el Apertura 19 ocuparon el lugar 8 y después “mejoraron” aunque no han sido ni subcampeones.
Sus lugares son envidiables sin poder presumir algo destacable.
Siguen teniendo nombre y posicionamiento pero se han topado con la cruel realidad de nuestra competencia porque con un director técnico o con otro (no aprenden) no han sabido levantar la copa.
Fueron lugares 2, 1 y 2 en los tres anteriores torneos, todo ello ejemplar sin poder presumir algo más.
Esto los honra aunque no les genere la satisfacción total.
Santos batallando para armar un plantel que compita mejor aparece en su estadio con la ilusión de que ahora sí se pueda.
Falta que sepa contagiar a su afición.
Lo que le vimos contra Chivas exige que la actuación ante Rayados sea mucho mejor.
¿Quién se va a encargar de ello? Existe la duda. Los recién llegados junto a los ya existentes, cada quien en su responsabilidad, necesitan aportar más para empezar a creer.
La misión no es fácil; se comprende. La visita es fuerte y suele incomodar.
Es por ello que dentro de los imponderables que suelen aparecer, se espera que Santos sepa aprovechar lo poco o mucho que le ofrezcan porque regalado no habrá nada.
Sorprendió la casi victoria ante Guadalajara. ¿Nos podrá volver a sorprender?
La repetición no es usual pero queda la esperanza que se esmeren todavía más.
Siempre hay una escondida trampa para atrapar a la Pandilla.