Cultura

Una mirada literaria sobre la ciudad

Proemio

En su conversación en altamar Rodolfo Usigli relata a Wigberto Jiménez Moreno “la trama de Corona de Luz en sus líneas esenciales”1. El primero atiende las “observaciones del historiador con tanta atención”2 que lo lleva a reflexionar que: “(...) entre la historia y el teatro, el historiador sacrificará gustosa, alegre y aun ferozmente al teatro, dominio de la imaginación, aunque condene a la historia a “quedarse a vestir santos” en este aspecto. Pero no es menos evidente que en el mismo caso del poeta dramático, con alacridad no menor, hará tabla rasa de las conveniencias de la historia y, ante la imposibilidad de un enlace apegado a ellas, optará por “robarse a la novia”. Es uno de esos casos.”3

La mirada literaria de “Manuel Pata de Palo ya viene gozando el trayecto por el Bajío y el autobús que se traga los kilómetros; él no sabe dónde meterse las ansias, las ganas inmensas de llegar a la casa del Olivo.”4

Pero antes, los amigos y familiares buscan “un Guanajuato allá por África o por América del Sur, muy lejos de aquí, allá en el quinto infierno. (...) Aquel Guanajuato sonó a historias de muchos años (...) La anciana lo ha dicho con tal gusto que ya los guanajuatos se desparramaron por muchos países, como si se hubieran multiplicado por todos los continentes. (...) El mapamundi gira y gira y el colorido aparece por todas partes, es un reto que solaza el tacto, la vista, la imaginación5.”

Aparece luego la ciudad de León que ansía convertirse en escenario del imaginario, lo mismo para hospedar a una hermana (una de cuatro de los dieciséis hermanos de mi padre6); que a los bandoleros “que ahora están buscando prófugos7...”; o bien el disfrute de la corrida de toros donde magistralmenteRodolfo Gaona8 hace una gran faena.

Con que razón señala Jorge Rodríguez Padrón que: “(...) Queda bien claro que Arturo Azuela —en esta ocasión, como en otras que hemos anotado ya— se esfuerza por incardinar la anécdota novelesca en una realidad histórica que, al tiempo de otorgarle verdad, explicite su dimensión colectiva9.”

Esta colectividad pone a la ciudad como escenario literario con diversas propuestas de autores, que intentan elevar a la categoría de mito literario a la misma; donde (con el tiempo) la presencia del escritor será inverosímil y sólo sobrevivirá el texto, lleno de símbolos plasmados en incalculables superficies del lenguaje donde nos “leamos” unos a otros a través de la Poesía.

Llegará el momento en que la Historia vuelva a ser parte de la Literatura. No que esté supeditada a ella, ni tampoco que sea un “género” más, mucho menos que se pliegue a la misma. Su relación será intensa y fortuita. La misma provocará no efemérides sino celebraciones donde todos los que estamos de este lado (el de la veracidad) nos convirtamos (participemos de la verosimilitud) y encarnemos, no un mundo alterno sino un escenario del imaginario literario.

Acercamiento a una (posible) definición no literaria del Bajío

“Sobre la llanura central se viaja en coches de cuatro ruedas, en todas direcciones, desde la capital [Ciudad de México]a Guanajuato...” afirma Alexander von Humboldt en su Ensayo político sobre el reino de la Nueva España1. Así que iniciaremos nuestro viaje sobre este vehículo, aunque en algunos tramos bajemos del mismo y caminemos. Con el paso del tiempo y por visitar regiones remotas tengamos por supuesto que subir a una bicicleta para explorar mejor el terreno literario.

Si la cultura de esta hermosa provincia, se debe casi enteramente a los europeos que en el siglo XVI llevaron a ella las primeras semillas de civilización2, no podemos dejar de lado la contribución del perfecto castellano antiguo, que corre en Guanajuato donde no es Guanajuato (Ángel María Garibay, dixit). Muchas palabras indígenas han enriquecido también el español que hablamos por estos lares: desde el otomí al tarasco; al igual que la serie de “adaptaciones” que hemos hecho de la lengua sajona: cachar3 por citar un ejemplo.

El Bajío se puede ver como al crisol donde se ha fraguado la gente más mestiza de México, como un preludio de lo que la nación será en un no distante porvenir4. Es también —apunta Antonio Pompa y Pompa— la región epicéntrica de la nacionalidad. Para Wigberto Jiménez Moreno “(...) de sus indios inquietos y sus colonos pacientes (...) provienen las gentes más mestizas, que son, por lo mismo, las más mexicanas5.”

Este paisaje abajeño puede resumirse a través de los versos del poema El Bajío de Efraín Huerta: “(...) Llanura sonora morena de cantos, / llanura con horas que le marca el sol, / un sol sólo tuyo, un solo muy distinto / que no es de los mares ni de las cordilleras; / un solo más perfecto que el tuyo, Bajío, / no tiene el cielo de ninguna parte../” En él marca los días y las noches de la vida abajeña: los campesinos no tienen fusiles [pero] hoy son agraristas y usan recio máuser. // Los rancheros cantan y brillan los cuerpos duros de tu mujerío, al mismo tiempo ablandan (con los cantos) los rudos arados. “Tu poema, Bajío, es sereno, / y tu tierra es perfecta. //

La calidad poética de la obra refleja a “un mexicano amantísimo de su país (...) [que le] entristecía ver cómo México se convertía en teatro del deshonor y de la violencia del poder...6” En Amor, Patria mía7 refrenda su cortejo cuando apunta: “Tú eres más deseable que la guerra de los cien años, /” y más adelante evoca en cuatro versos una especie de frontera subcultural —para decirlo en palabras de Philip W. Powell— donde “(...) Escribió su Poema del Bajío / (ah, su primer poema) / y en él estaba la tierra negra / y relampaguearon los ojos de Hidalgo.//”

Al meter mano poética a la Historia hay una nueva lectura. A la luz de la Poesía se podría pensar en innumerables astucias literarias (poesía exteriorista claro) que no son licencias. La sentencia de Carlyle es vigente: “La historia universal es un texto que estamos obligados a leer y a escribir incesantemente y en el cual también nos escriben”.

Efraín Huerta hace patente en su Corrido de don Lupe Posada8 esta incesante avalancha de leer y escribir la historia de un personaje de la región por medio de la poesía. El lector viaja con “el rey de los grabadores” desde su nacimiento en el barrio de san Marcos en Aguascalientes para luego asistir a su trabajo y ver cómo “(...) Fue creciendo muy correcto / de espíritu y corazón / hasta que vino a quedarse / allá en la ciudad de León. // Lupe era un hombre de paz / y jamás usó cuchillo / por eso lo querían tanto / por el rumbo del Coecillo. // Fue luego que retrató / la gran catedral de León, / cuando tuvo que salirse / después de la inundación.”

Como se verá aquí no hay ficción. Existe sólo Poesía. Ya que la literatura está en la ficción que puede ser maravillosa, pero la poesía es una realidad en sí misma9, si leemos bien, por ejemplo, el Corrido de la inundación de León10 (1926) de Don Juan Ocampo interpretado por Ma. de la Luz Ocampo mejor conocida como La Alondra del Valle, comprobaremos lo citado.Aunque está considerado dentro del género épico-narrativo (sobre acontecimientos y personajes) su característica es de “sello y signo inconfundible abajeño (entiéndase: leonés) [ya que] se percibe tanto en la letra como el estilo interpretativo, recursos mediante los cuales sentimos que encarna con vigor personalísimo toda estética popular con definido y acrisolado gusto por la poesía y la música11”.

“La poesía no es literatura. Contiene nuestros goces y nuestros sufrimientos, y esa relación con la existencia le da un carácter que va más allá de los géneros. Por eso también hay poetas literatos y novelistas poetas12.

La obra del escritor, no como literatura sino como vida

Hay entre la vida y la obra, [del escritor] que no sería ficción, sino una emanación de la vida (Antonio Gamoneda dixit). Al acercarse a ella se parte de una situación idónea que bien puede darnos esperanzas en torno a la propuesta de volver al origen (de la Literatura) a través de la Poesía. Sólo miremos Cuando éramos menos1 (1989) de Renato Leduc —sus notas autobiográficas sobre el Bajío—; o La paloma, el sótano y la torre de Efrén Hernández, donde el motivo de vida es la ciudad de León y sus alrededores ya que resaltan el “compromiso afectivo con su lugar de origen y con su identidad histórica2”.

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* Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN).

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FUENTES CONSULTADAS

Proemio

1 Rodolfo Usigli, Corona de luz, FCE, 1992, 4ª. Reimpresión, Conversación con un historiador, pag. 76

2 Ibid. pag. 84

3 Ibid. pag. 85

4 Arturo Azuela, El tamaño del infierno, Rei-México-Ediciones Cátedra, 1985, Edición de Jorge Rodríguez Padrón, Cap. Fachadas bajo el diluvio (Justiniano), pag. 258

5 Ibid.pag. 226

6 Ibid. Cap. Según el favor del viento (Moisés), pag. 189

7 Ibid. pag. 183

8 Ibid. pag. 163

9 Ibid. pag. 162

Acercamiento a una posible definición no literaria del Bajío

1 Alexander von Humboldt, Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España, Editorial Porrúa, 1ª. Edición, 1966, Col. Sepan Cuantos, Estudio preliminar, revisión del texto, cotejos notas y anexos de Juan A. Ortega y Medina, Libro V. Cap. XII, pag. 463

2 Ibid. Libro Tercero. Cap. VIII, pp. 161-162

3 Ángel María Garibay, Hablando en plata, A manera de prólogo, El habla de Guanajuato, Peter Boyd-Bowman, UG, 2006, 2ª. Edición, pp. 15-17

4 José Antonio Martínez A., Definición del Bajío, Ayto. de Celaya, 2006, Cap. Bajo el signo del Bajío, pp. 27-28

5 Wigberto Jiménez Moreno, La colonización y evangelización de Guanajuato en el siglo XVI, Ed. Autor-León, 1984, pag. 5.

6 David Huerta, Prólogo, Poesía completa de Efraín Huerta, Martí Soler (compilador), FCE, 1995, 2ª. Edición-1ª. Reimpresión, pag. XI

7 Ibid. Poema Amor Patria mía, pp. 461-471

8 Ibid. Poema Corrido de don Lupe Posada,pag. 552

9 Antonio Gamoneda, “La poesía no es literatura”, entrevista de Javier Rodríguez Marcos, EL PAÍS, lunes 23 de abril de 2007, Cultura, pag. 38

10 José Luis García-Galiano Robles y Juan Diego Razo Oliva, María de la Luz Ocampo, “La Alondra del Valle”, Una singular expresión de la identidad leonesa, Canciones y corridos, CD-ICL, 2002, Canción no. 5

11 Ibid.

12 Ibid. Antonio Gamoneda, “La poesía no es literatura”.

La obra del escritor no como literatura, sino como vida

1 Cuando éramos menos [1989], Obra literaria de Renato Leduc, Prólogo de Carlos Monsiváis, Compilación e introducción de Edith Negrín, FCE, 2000, 1ª. Edición, pp. 624-626

2 Mariano González-Leal, José Ruiz Miranda y la Generación de 1914, La Trapa, sociedad artística y literaria. Poesía reunida y otros escritos (1922-1957), ICL, 2007, Compilación e introducción de Juancarlos Porras, pp. 35-45

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Juan Carlos Porras
  • Juan Carlos Porras
  • Editor fundador de Grupo Ochocientos y actual director del Centro de Investigación y Estudios Literarios de León (CIEL-LEÓN).
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