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Miércoles , 20.03.2019 / 14:41 Hoy

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Poética de Ricardo Azuela Espinoza en “El perro del sol”

Juan Carlos Porras

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Para centrar la intención del sabor y el aroma que juntos representan el sentido de la vida (1) en la poética de Ricardo Azuela Espinoza (Guanajuato, capital 1946) en su obra El perro del sol (Rodrigo Porrúa Ediciones, 2017, 2ª. Ed.), primero haré un pronunciamiento: "La poesía nace sobre la memoria. Desde allí, transformada la vida en visión, es decir, en contemplación, alguien la evoca (2)".

Ahora bien, la experiencia se somete al recogimiento para luego, "trasfigurada en visión, nace algo nuevo (3)" que nos narra el surgimiento del primer mexicano. Aparecen por supuesto los dictados de lo bello y lo verdadero en los versos, pero... "la historia", a decir del poeta, "huye de mis formas/ en tropel desorganizado inconsciente/ de su derrota y el tiempo ocupa su lugar./"(4).

Las causas y efectos del tiempo, es verdad, hablan de vida civilizada pero también de mitos y sorpresas. El poeta aventura teorías que va reconsiderando y al paso, firme y voluntarioso, de la flor y el canto, descifra y traduce a la vez -desde el Códice Selden estudiado por el sabio Alfonso Caso- el Comienzo, el Cosmos, "el pasado presente futuro [que] son lo mismo/ revoluciones del sol"(5).

Asoma la claridad del perro, "en uno movimiento", quien busca darse a los hombres porque es tiempo de la conciencia del nuevo Sol.

El poeta afirma, más bien, ruega con los usos y costumbres de nuestros antepasados símbolos, al Corazón del Cielo, que se termine el sufrimiento de los mexicanos: jodidos y chingados. Nada más vigente por lo que vivimos ahora.

Las palabras conjuran nombres y al nombrar el pueblo resurge con penas y placeres. Entonces de manera individual, el lector de poesía, reconoce la colectividad de los conceptos y los lleva a nuestras vidas. Al hacerlo produce que nuestra poesía se reconozca y se signifique con todos los leyentes. Por eso el poeta pide luz y "en el sueño inflamado", conjura a que vuelvan las formas primitivas para cantar. "Los veo, los oigo, los toco y los huelo", señala.

Su poética está en los significados y señala los apilamientos. Por ello nos permite tomar conciencia (6).

El perro del sol de Ricardo Azuela Espinoza descubre nuevas variaciones de la sensibilidad de las cuales todos podemos apropiarnos (7). Su furor poético es inspirador porque apela a la Memoria y, a su contraparte, la Verdad.

Un libro admirable. ¡Bravo!

Hay que leerlo sin duda.
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Notas:

1. Yevgueni Yevtushenko, Adiós, bandera roja. Selección de poesía y prosa (1953-1996), FCE, 1997, 1ª. Ed. México, "Elogio para la poesía", pp. 267-271

2. Jorge Guillén, Bécquer o lo inefable soñado, revista Biblioteca de México No. 150, 2015, p. 39

3. Ibid.

4. Ricardo Azuela Espinoza, El perro del sol, Grupo Rodrigo Porrúa Ediciones, 2017, 2ª. Ed. México, "Poeta y hermano", p. 35

5. Ernesto Cardenal, Nueva antología poética, Gandhi Ediciones, 2009 [Siglo XXI Editores, 1ª. Ed. 1978], "Mayapán", pp. 168-169

6. Michel Butor, La utilidad poética, AUIEO Ediciones-CNCA, 2012, 1ª. Edición, México, Cap. III. Poesía y ciencia o de la naturaleza de las cosas, "La semana", p. 77

7. T.S. Elliot, Función social de la poesía, revista Biblioteca de México No. 150, 2015, p. 33

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