Desde la promulgación de la Carta Magna el 5 de febrero de 1917 y hasta la elección federal de 1976, la conformación del Congreso de la Unión se basó en el principio de mayoría relativa y, en el caso de las diputaciones, en función del número de habitantes, con el predominio hegemónico de un solo partido, el PNR-PRM-PRI, a partir de su fundación en marzo de 1929.
Por este factor demográfico, el número de las diputaciones oscilaron entre una por cada 60,000 habitantes (1917-1927), por cada 100,000 (1928-1941), por cada 150,000 (1942-1950), por cada 170,000 (1951-19159), por cada 200,000 (1960-1971) y por cada 250,000 (1972-1976).
Hasta que la reforma política de 1977 dispuso en el artículo 52 constitucional, que la Cámara de Diputados se integraría por 300 diputaciones de mayoría relativa y 100 de representación proporcional, para darle cabida a todas las expresiones políticas de la sociedad, que no se identificaban con el sistema de partido hegemónico.
Esta reforma dejó intacto al Senado, hasta que en 1993 se modificó el artículo 56 constitucional para incorporar la figura de primera minoría y en 1996 a una lista nacional de 32 escaños de representación proporcional.
Sin duda alguna, el principio de representación proporcional ha permitido que personajes como Porfirio Muñoz Ledo, Juan de Dios Castro Lozano, Ifigenia Martínez, Carlos Cantú Rosas, Gilberto Rincón Gallardo, Valentín Campa Salazar, Carlos Castillo Peraza, José Luis Lamadrid Sauza, Beatriz Paredes Rangel y Pablo Gómez Álvarez, enriquecieran el debate parlamentario desde todas las visiones del espectro político.
Hoy la reforma electoral en ciernes, ha colocado sobre la mesa nuevamente el dilema de desaparecer o reducir la presencia de las curules y escaños que se eligen por la vía plurinominal.
Considero que deben permanecer, porque así evitamos una regresión al país monosilábico del partido hegemónico, pero el método para su asignación y el número en cada Cámara debe ser revisado.
Lo que esta reforma debe evitar, es que las pluris sean una canonjía para las dirigencias partidistas, como sucedió en 2024, que se obsequiaron escaños y curules ocupando los primeros lugares de las listas.