Vanidad
Práctico, elegante y eficiente, el City fue un instructivo para armar victorias durante la campaña, pero en el partido más importante, falló. El mejor equipo del mundo cometió un pecado: quiso ser el campeón más guapo de la historia y en plena final, lo mató la vanidad. El City, que jugaba muy bonito, intentó jugar precioso y en esa pedantería se perdió. Mientras tanto su rival, feo, fuerte y formal, jugó un partido sin pretensiones, lo único que le importaba era levantar la Copa y volver a casa. Cada temporada, la conclusión sigue siendo la misma: no hay nada más glorioso que una noche. El tiempo, que pone cada cosa en su lugar, juzgará la derrota del refinado City como horrorosa, y la victoria del consistente Chelsea como la más hermosa.
Memoria
La digitalización convierte al futbol en un evento de memoria corta; que no es lo mismo que un deporte con poca memoria. Horas antes de la Final de Champions, la tendencia señalaba a Guardiola como uno de los mejores técnicos de la historia. Con 30 títulos en 13 años de carrera, las redes le auguraban un extraordinario futuro, incluso se corrían apuestas: ¿cuándo superará los 48 títulos que Ferguson tardó 40 años en ganar? Minutos después del partido, la tendencia había cambiado: Tuchel, al que apenas reconocían, era el mejor entrenador del mundo, y Guardiola, un perdedor. A la misma velocidad que se dictó sentencia, se exigirá a Tuchel superar a Guardiola: el Chelsea y su entrenador serán tan buenos como su último partido.
Hoy, Cruz Azul se reconoce en el campo como familia, antes que como equipo de futbol
Familia
En los últimos 23 años, el número de aficionados al Cruz Azul nunca disminuyó. Al contrario, la resistencia encabezada por hombres y mujeres que le siguen desde su fundación, engrandeció a una de las aficiones más fuertes de México. Su pasión, a prueba de todo, consiguió que este grupo se comportará como cooperativa, y esa cooperativa como institución. Por primera vez en mucho tiempo, Cruz Azul juega como vive. Con un futbol solidario, dominó la Liga respaldado por una tribuna que padeció todo tipo de estilos, futbolistas, directivos y técnicos, que fueron incapaces de defenderlos con dignidad. Hoy, Cruz Azul se reconoce en el campo como familia, antes que como equipo de futbol. _
José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo