La población duranguense de Mapimí, nombre que proviene del vocablo Cocoyome“Mapeme” que significa cerro elevado, fue fundada en 1598 por el sacerdote jesuita Agustín de Espinoza y el capitán Antón de Zapata al pie del “Cerro de la India”. Mapimí es el nombre de la población y municipio situado al Noreste de Durango, que en 2012 fue declarado Pueblo Mágico.
Cerca del pueblo se encuentra la mina de Ojuela, de la que se extrajeron oro, plata, cobre y 117 minerales y que llegó a darle renombre a la región, por las riquezas generadas. A fin de librar un acantilado profundo para llegar a la mina, en 1898 se construye un puente colgante con madera y acero de 315 metros de longitud, que aún se conserva, así como las ruinas del pueblo que existía junto a la mina en los años de bonanza.
En 1939 se dejó de explotar la mina debido a la inundación de varios túneles, lo que condujo a la extinción del pueblo.
La iglesia de Santiago apóstol, erigida hacia 1770, ha sido mudo testigo de los vaivenes de este hermoso pueblo que resistió múltiples ataques de los naturales Tobosos yCocoyomes.
Uno de esos fieros ataques hará que salga del pueblo la imagen del “Señor de Mapimí” para quedarse para siempre en Cuencamé, en una historia que raya entre leyenda y milagro.
En los embates de la historia, el pueblo recibió en 1811 a Don Miguel Hidalgo, quien preso, pasa la noche en Mapimí en su camino al paredón en Chihuahua. De igual forma, en su huida de la intervención francesa, el Presidente Benito Juárez pernocta en una vieja casona de este pueblo en 1864.
Los cuatro de a caballo de aquel real de Mapimí y los dos amigos que venían de Mapimí, cabalgan aun en el subconsciente colectivo y el ruido de los cascos de las patas de sus caballos se conjugan con el murmullo de mujeres y niños que se dice que se escuchan por las noches entre las ruinas de Ojuela; esos sonidos se mezclan cuando el eterno aire mapimiense hace remolino en su plaza.
Un pueblo que resurge de sus cenizas una y otra vez, es claro que lo que ha tenido vivo más de cuatro siglos a Mapimí es la magia; pero la magia no está en los vestigios de la historia o en su impresionantes bellezas naturales, la magia está en el gran corazón y el tesón de su gente, gente amable, hospitalaria, buena y trabajadora.
Visite Mapimí, sorpréndase con cada rincón, disfrute su bello desierto y quédese boquiabierto al descubrir el panteón.
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