Este oficio de entomólogo (especialista en insectos) me ha llevado a desarrollar una cierta hipersensibilidad a las noticias sensacionalistas. Con frecuencia recibo consultas de agricultores, citadinos, familiares, estudiantes, entre otros que me aseguran la existencia de un animal maligno que dicen que dijo la tía de la vecina de un amigo que le pico a alguien y que se murió del piquete.
Así se llenan historias, fábulas, leyendas y crónicas que consignan la existencia de seres que están al asecho. La inmediatez de las redes sociales, en particular Facebook, ha llevado las cosas a un extremo jamás soñado; puedes subir mentiras con una foto de algo que parezca consistentemente cierto y se convierte en verdad compartida hasta que alguien con el conocimiento suficiente lo desmiente.
Así han pasado insectos tan mentirosamente mortales como el “Escorpión volador”; que, en efecto, en la punta del abdomen tiene una estructura de algo así como un aguijón, pero que es sólo un adorno del que le doto la naturaleza para engañar a los que se dejen.
Entonces, en cuestión de horas se compartía foto y detalles del “peligroso” escorpión volador. Y sí, se nos ocurrió llamarle “Mosca Escorpión” por su falso aguijón, y como decíamos es sólo un insecto de extraña forma (eso es muy grave hablando de insectos) con la cabeza delgada, boca alargada y ojos saltones; para acabarla pertenece a un orden (grupo) al que llamamos “mecópteros” (meco= largo; pteron=ala).
Esta semana la red se ha llenado de noticias y controversias sobre una extrañísima “oruga peluche”, que debo reconocer que fueron los cuestionamientos de la gente lo que me llevó a investigar sobre su identidad y biología, de tal suerte que mi “feis” y mi celular se han ocupado de aclarar que este insecto sí existe.
Muy afortunadamente, la gente engañada por tanta basura feisbuquera reflexiona y pregunta si la nota es verdad o no. Megalopygeoperculalises el nombre científico de este extraño insecto (Oh, lo hice de nuevo) cuya larva cuando ya es larva grande, está recubierta de una especie de capuchón de pelecillo a manera de techo de dos aguas.
Esa oruga o larva es el estado juvenil de una palomilla de colores café-amarillo. La oruga se alimenta del follaje de una gran cantidad de árboles y arbustos y para desgracia de nosotros cuenta con una serie de pelillos huecos a lo largo de su partes laterales que están conectados a una glándula venenosa; al entrar en contacto con la piel, la glándula se activa y la persona recibe una dosis de una sustancia extraña que le causará irritación y dolor.
La intensidad de la reacción depende del tamaño de la larva (a mayor tamaño más veneno), de la parte del cuerpo donde los pelecillos de la larva toquen la piel y, claro, de la reacción del sujeto.
No habrá problema si no tocamos la larva, así que no habrá que caer en la paranoia.
Siempre estamos rodeados de animales que pudieran causarnos algún daño, ya sabemos que en el momento que tratamos de deshacernos de esas “alimañas” usando productos químicos, acabaremos golpeados por el “efecto boomerang” que representa contaminar el ambiente.
Aprendamos a cuidar y a convivir con la naturaleza siendo cautos y a la vez respetuosos de las otras formas de vida y responsables de este raciocinio que nos tocó en la rifa de talentos, aunque al parecer lo usamos poco.
mavazna@hotmail.com