El pasado 3 de diciembre se cumplieron seis años de la desaparición física de Vicente Leñero, uno de los escritores más completos, pues además de dramaturgo y narrador, se dedicaba al periodismo y a la realización de guiones cinematográficos. Sus trabajos originales y adaptaciones son evidencias de los que debe ser un buen libreto para cine. Como ejemplos están El Monasterio de los Buitres; Los Albañiles; Mariana Mariana; El Callejón de los Milagros; La Ley de Herodes; El Crimen del Padre Amaro, y El Atentado, que fue uno de sus últimos trabajos.
Antes de Quentin Tarantino con Pulp Fiction (1994) y Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000), Leñero se había atrevido a romper la estructura lineal en Los Albañiles (Jorge Fons, 1976); posteriormente volvería a hacerlo en El Callejón de los Milagros (Jorge Fons, 1995); en ambos casos lograría que el tiempo de las historias fluyeran de forma diferente, obligando al espectador a armar ese rompecabezas de imágenes y sonido. Un recurso novedoso que con el paso de los años se ha vuelto algo común en series y películas. Y tal vez Leñero no fue el iniciador en el mundo, pero al menos en México sí se le reconoce esta propuesta.
Pero de todas sus obras para cine existen varias que no llegaron a la pantalla grande por diversas razones. Puede citarse Magnicidio, reunido en Justo Por Pecadores (Tres Guiones Cinematográficos, Marcha Editores, 1982), y el recientemente publicado Historias del 68 (Seix Barral, 2018).
Magnicidio es una historia que le fue encargada por el desaparecido cantante Antonio Aguilar. A decir del propio Leñero, éste había quedado encantado con la película El Día del Chacal (Fred Zinnermann, 1973), cuya trama es sobre un sicario que busca a toda cosa matar al presidente francés Charles de Gaulle. Las dificultades que enfrenta y la tensión que sucede entre cazador y víctima, eran algo que el cantante y actor deseaba.
Leñero puso manos a la obra y centró su historia en León Toral, asesino del general Álvaro Obregón, quien buscaba de nuevo la presidencia, como sucesor de Plutarco Elías Calles. Estructurado a manera de Thriller, se van conociendo las peripecias y dificultades que enfrenta el joven dibujante y fanático religioso. La incertidumbre aumenta cuando se encuentra con el caudillo en el restaurante La Bombilla el 17 de julio de 1928, y mientras la orquesta de Lerdo de Tejada interpreta El Limoncito, León dispara.
La película nunca se hizo. Los pagos por los avances del guion los cubrió Antonio Aguilar puntualmente. Leñero nunca supo las razones y terminado el plazo para su realización, acabó publicándolo junto con Cadena Perpetua que llevó a la pantalla Arturo Ripstein en 1979; y la antes mencionada, Los Albañiles.
¿Temor a la censura? Es posible. Tuvieron que pasar varios años para que en la telenovela histórica Senda de Gloria (Raúl Araiza, 1987), en uno de sus capítulos dramatizara el asesinato de Álvaro Obregón, aunque no con la misma intensidad descriptiva del mencionado guion, que todavía permanece olvidado. Ojalá que algún día deje de ser palabras en el papel y se convierte en una película.