Ahora es un poeta, además de que compone canciones, escribe cuentos y elabora propuestas de política penitenciaria. Ha destacado en el rubro de la escritura, al grado de tener varios libros de poesía a la venta, como El niño ha quedado atrás (2015).
Cualquier persona que lo viera pensaría que está frente a un líder de opinión o un pastor que predica el amor de Dios. La verdad es otra…
En 1990, Christopher Scarver fue echado de su empleo en la firma Wisconsin Conservation Corps. Semanas después, totalmente alcoholizado, regresó a la empresa que lo había despedido y a punta de pistola exigió dinero al administrador Steve Lohman, quien solo completó 15 dólares. La cantidad insultó a Scarver, quien asesinó a Lohman de tres balazos.
El agresor fue condenado a cadena perpetua y remitido a la Institución Correccional de Columbia en Portage, Wisconsin.
A ese mismo inmueble llegó en 1991 Jeffrey Dahmer, un delincuente sexual acusado de asesinar a 17 hombres y adolescentes.
Tras ser detenido el 22 de julio de 1991, las autoridades registraron el apartamento del sospechoso, donde hallaron una cabeza humana en el refrigerador, dos bolsas en el congelador que contenían un corazón humano y unos genitales masculinos.
Así como cinco cráneos y fotos detallando procesos de desmembración de cuerpos humanos, entre otras cosas.
En prisión, Dahmer pasaba su tiempo solo, aunque eso no impedía que jugara bromas pesadas a sus compañeros.
No todos los internos celebraban el humor negro de El Caníbal de Milwaukee. Uno de ellos era Christopher Scarver, quien, al enterarse de que Dahmer había atacado a individuos latinos, afroamericanos y asiáticos, decidió actuar contra él.
El 28 de noviembre de 1994, Dahmer y otro recluso, Jesse Anderson, limpiaban el baño del gimnasio. El guardia que los vigilaba se alejó y, en su lugar, entró Scarver, quien, con una barra metálica de unos 51 centímetros, machacó la cabeza de sus dos compañeros. Dahmer murió una hora después en el hospital. Anderson falleció dos días después.
El hecho de acabar con la vida de uno de los asesinos seriales prominentes de Estados Unidos dio notoriedad a Scarver, al grado de escribir sus versos y venderlos al público. La fama de Dahmer sirvió para impulsar la carrera de su verdugo.
José Luis Durán King