Sociedad

Virtudes para la vida

Con esta colaboración cierro una trilogía basada en el libro de Javier Cercas titulado El loco de Dios en el fin del mundo, (Random House, 2025) donde ya en las dos anteriores escribí respecto de algunos aspectos de la relación entre el autor y el Papa Francisco (Jorge Bergoglio) que culminó con una llamada telefónica al escritor a la muerte de su madre.

Y aquí en esta tercera entrega quiero referirme a las virtudes que el escritor destaca sobremanera del Papa argentino, y sus momentos chuscos y divertidos en relación a como las entendió y las vivió el jerarca máximo de la iglesia católica romana.

La primera tiene que ver con la humildad. Retomada del original “loco de Dios” así autodenominado por él mismo [Francisco de Asís], y con referencias de uno de sus biógrafos más precisos y puntuales, el escritor y filósofo británico G.K. Chesterton (1874-1936), admirador por entero del “hermano de Asís”.

Vayan pues las citas de Chesterton al respecto: “La humildad es el arte suntuoso de reducirse a un punto, no a algo grande o pequeño, sino a una cosa que no tiene tamaño, de modo que todas las cosas del universo sean como son en realidad: de tamaño inconmensurable”. San Francisco es el segundo en enseñar, según Chesterton (después del propio Cristo), a los hombres a ser humildes “para que pudiesen darse cuenta de lo buenos que eran”. La bondad atada a la humildad. Y en definitiva según el autor británico, “para el loco de Dios, el orgullo no sólo es enemigo de la instrucción; el orgullo es enemigo de la diversión”. Y en eso de buscar –con ironía– la diversión Bergoglio se pintaba solo.

Y pregunta Cercas “¿No solo ha venido Francisco a recordarnos la humildad radical de Francisco de Asís, sino también a postular la hipótesis asombrosa de nuestra propia escondida bondad?”

Y la humildad, se ata así con la bondad, y se remata con la alegría. Esta última virtud de la cuál Bergoglio escribió la encíclica Evangelii Gaudium (la alegría del evangelio) que en realidad es un exhorto a los cristianos para vivir la fe con alegría.

Y si no véase la siguiente anécdota de Francisco: “Un periodista del diario alemán Die Zeit le interrogó…, y el Papa elogió la belleza de los pasquines, añadió que eran claramente ‘obra de una persona muy cultivada’. ‘¿Alguien de por aquí? preguntó el periodista, refiriéndose al Vaticano. ‘No’ replicó Bergoglio. ‘He dicho una persona cultivada’. Chesterton hubiera aplaudido.”

Y se cuestiona el autor: “¿Vino Bergoglio a predicar el gozo sin condiciones de estar vivo y por eso insiste en la alegría como esencia de la vida cristiana, que debe vivirse ‘como una fiesta’, y ha abominado de los ‘cristianos de entierro’ cuya existencia ‘parece un funeral permanente’ para acabar sentenciando que el miedo a la alegría, es una enfermedad del cristiano?”

Y otra “virtud” que junto a la alegría debemos mencionar es la de la ironía, cuándo señala que “tal vez consciente de ello, el Papa prometió en una homilía pronunciada el 31 de mayo de 2013 en la Casa Santa Marta: ‘La eternidad no será aburrida’. Es probable que Bergoglio se riera con esta clase de ironías, pero es imposible entenderlo sin entender que, probablemente, es invulnerable a ellas: nada indica que no esté convencido de que, tras la muerte, otra vida nos aguarda. Ésa es su locura suprema, la máxima locura del loco de Dios. Por esa locura es por la que yo quería viajar con él al fin del mundo [Mongolia]: para preguntarle por ella…”

La otra virtud consiste en que “ante cualquier problema, la solución debe buscarse con el ‘discernimiento’. Que, entiendo que es un instrumento de búsqueda racional, pero también espiritual.” Y añade: El Papa tiene una frase que define todo esto muy bien: ‘Cabeza, corazón y manos’. Es decir, razón, sentimiento y experiencia.” Y para ello el discernimiento permite entender las tres partes de la actividad humana que no deben entrar en confrontación: “La fe, dice Cercas, no debe estar peleada con el razonamiento [o raciocinio]. El problema es que consideramos que todo lo que es sentimiento, amor, fe, no tiene nada que ver con la razón, que es sólo cálculo, método. Esta visión de la razón es muy pobre, abstracta, fría…Por lo que el discernimiento implica plegaria, reflexión, escuchar.”

Un ejercicio de introspección y también de recibir información del mundo y de los demás para hacer extrapolación y extroversión. Con ello se discierne, pero también se imagina y se crean mundos materiales e inmateriales.

Y si no véase lo que narra el escritor: “Mire al volver de su viaje a Japón, los periodistas le preguntaron al Papa: tras este viaje, ¿qué cree que Occidente puede aprender de Oriente? ¿Y sabe lo que contestó? ‘Un poco de poesía’.

Porque la poesía, pienso yo, conjunta la fe y permite según el novelista desarrollar “la capacidad de contemplación de lo visible y de lo invisible, de lo que podemos tocar y de lo que sigue siendo un misterio.” Discernir al fin.

Y así la humildad, la bondad, la alegría, la ironía y el discernimiento transforman al ser humano partir de muchas caras o facetas que lo representan (le dicen personalidad), para terminar, siendo uno y solo uno: una identidad unitaria en el concierto de lo que compone el vasto universo que nos rodea y habitamos.

La práctica de estas conductas para transformarlas en actos concretos, nos dará genuinas respuestas a las grandes preguntas de la existencia humana; que la filosofía y las religiones han intentado responder por distintas vías.


Google news logo
Síguenos en
José Luis Castellanos González
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.