Ciudad de México /
Y Televisa logró una movilización nacional de proporciones monumentales para honrar a su más valioso artista, Chespirito.
Lo exaltó como el campeón del humorismo blanco, de la limpia creatividad de un mundo sin ponzoña.
Lo logró porque el Chavo del 8 daba para eso y para más sin dejar de ser el mejor negocio.
Lo que sigue es que el homenaje trascienda el tiempo y que permee la programación.
Más televisión familiar, más humor blanco, menos miembros al aire, horas pico o telenovelas escurriendo sexo y sangre.
Y la otra lección: servir de detonador de las cosas valiosas de un público enfermo de frivolidad y cinismo.
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