Política

Rescatar el valor de la política democrática

  • Nueva República
  • Rescatar el valor de la política democrática
  • Jorge Torres Castillo

1988 fue el año en que la presión por la democracia hizo insostenible el autoritarismo ejercido por un partido hegemónico, obligando a quienes ostentaban el poder a pactar con la oposición la creación de instituciones independientes que salvaron al país de la violencia política y lo encaminaron hacia la vía institucional.

Al hablar de autoritarismo nos referimos a un régimen que abusa de la autoridad y que no respeta la libertad. 

En nuestro país el autoritarismo debe explicarse a partir de dos rasgos característicos del sistema político mexicano: la existencia de un partido dominante y el presidencialismo.

De acuerdo con Sartori, el partido hegemónico se define por la falta de competencia que deriva de la desigualdad en que se produce la lucha por el poder con los otros partidos políticos. 

Por ello no existe sanción que obligue a dicho partido a "actuar con responsabilidad".

Las reglas del juego impuestas por el partido en el poder en un sistema no competitivo, generan elecciones poco confiables. 

En el pasado el sistema de partidos funcionó bajo la premisa de que el PRI debía ganar. 

El fraude fue siempre el camino abierto por prácticas vergonzantes como la compra del voto y la coacción, donde los órganos electorales de todos los niveles eran designados por el gobierno federal, estatal y municipal.

La continuidad en el comportamiento frente a nuevas elecciones resulta sorprendente: que no pocos ex priistas y ex panistas se incorporen al nuevo partido hegemónico desde la oposición, donde no es raro encontrar cifras contradictorias, irreconciliables, inventadas por los grupos contendientes.

Con la sombra del maximato y la fragilidad de la independencia del Poder Judicial, la imagen de la Suprema Corte de Justicia carece de relieve en un escenario político dominado por la figura presidencial.

Posdata.

Al contender como candidato a presidente municipal de Gómez Palacio en 1989, viví la impotencia frente al control absoluto del órgano electoral por parte del gobierno priista. 

Dije no a la huelga de hambre y corrí acompañado hasta la ciudad de Durango en mi reclamo de justicia ante el Colegio Electoral. 

En 1991 como candidato a diputado federal exigí justicia al Colegio Electoral en la Cámara de Diputados, con pruebas contundentes del fraude. Se impuso siempre el poder autoritario.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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