Años antes de morir, Carlos Fuentes al referirse a Vecinos distantes: un retrato de los mexicanos dijo que sería “un libro clásico sobre México durante mucho tiempo”. Obra cumbre de Alan Riding que redactó durante los doce años que vivió en México como corresponsal de tres diarios globales: The Financial Times, The Economist y New York Times.
Brasileño de nacimiento y británico por formación, Alan Riding percibió la gran brecha entre México y su vecino del norte: “probablemente en ningún lugar del mundo existan dos países, lado a lado, que se conozcan y entiendan tan poco como México y Estados Unidos”.
Vecinos distantes es una crónica del México de los tiempos de Luis Echeverría, José López Portillo y de Miguel de la Madrid. Es implacable en sus juicios sobre el gobierno, la prensa nacional y sobre la sociedad en su conjunto, siempre desde la perspectiva de los Estados Unidos.
Para Alan Riding toda la vida pública de México se resuelve en corrupción. La propia historia “de derrotas y traiciones del país” ha preparado a los mexicanos para esperar y para aceptar lo peor de sus héroes oficiales –desde Cuauhtémoc hasta Emiliano Zapata y Francisco Villa- que invariablemente “han sido asesinados, mientras que los ideales, sacralizados en leyes y constituciones han sido sistemáticamente traicionados”.
Si la corrupción era la evidencia del mal gobierno, el enriquecimiento ilegal era la muestra del mal gobernante. Sin duda un libro que desató la polémica que se manifestó en intentos de censura por el “carácter anti-mexicano” de la obra. El autor se defendería declarando que amaba “visceralmente” al país, que tal vez su pecado fue haber dicho algunas cosas en voz alta, “cosas que efectivamente todo el mundo sabe”.
Hoy que la relación bilateral con EEUU pasa por momentos de tensión, por encima de nuestras debilidades debemos condenar el patrioterismo y la politiquería, y exigir con firmeza el respeto a nuestra dignidad nacional.
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